Cayendo en la trampa de la aceleración

¿Cómo desaceleramos en este mundo donde la velocidad cuenta? La aceleración hoy día se ha convert...

¿Cómo desaceleramos en este mundo donde la velocidad cuenta? La aceleración hoy día se ha convertido en un valor, los medios tecnológicos de hoy lo requieren, y la gran pregunta es ¿nos acoplamos a esta onda o como enfrentamos esto?

-- Yo creo que es fundamental para nosotros en la pastoral el tener en cuenta lo que es previo a la aceleración. En el día de hoy tenemos tantas más herramientas de lo que nuestros pastores
tenían hace 15, 20 o 25 años, que no estaban expuestos a tanta tecnología. Soy psicólogo clínico, terapeuta familiar sistémico y algo que me impulso mucho hace algunos años atrás a entrar en este campo fue precisamente como nieto de pastor, como hijo de pastor, como suegro de pastor, como nacido en una familia pastoral, el ver las generaciones dentro de mi propia familia, el detenerme por un momento y observar la vida del ministro. Yo pastoreé por algunos años; pero luego sentí del Señor dentro de mi profesión hacer algo por los ministros porque entiendo el corazón y la mente de ellos.

Entrevista con el Dr. Hebert
Palomino, psicologo y consejero
de misioneros en América
del Sur
Ese aceleramiento, que tu mencionabas, que ha llegado por la misma tecnología nos ha arrastrado a los ministros también y uso el termino ministro porque no solo me refiero al campo pastoral sino a todos aquellos que ministran en la iglesia del Señor.

Quisiera desde una perspectiva sistémica entender de que bíblicamente necesitamos saber quién nosotros somos, yo creo que eso es algo fundamental en la vida del ministro. A veces la iglesia canoniza el llamado, canonizar en el sentido que lo hace único, algo como especial, y es especial el llamado; pero hay veces no equipamos a los futuros ministros para lo que significa el “llamamiento a servir al Señor”.

Entonces hay veces recibimos candidatos al ministerio en la institución Teológica, que vienen con agendas no resueltas y una de esas agendas no resueltas es la falta de claridad en “quien el ministro es”, y yo creo que el punto de partida en el ministerio cristiano es, que yo sepa ¿quién soy yo?, no ¿qué hago? sino ¿Quién soy yo? Lamentablemente nuestras instituciones teológicas como una institución académica congrega a sus postulantes para darle información: Antiguo Testamento, Nuevo Testamento, Idiomas, Pastoral, Evangelismo, Iglecrecimiento y todo el formato de lo que es una curricula que es fundamental en la capacitación del ministro que son herramientas que se espera que él va a usar posteriormente. Sin embargo si tú puedes mirar la curricula de nuestras instituciones teológicas te vas a encontrar de que los cursos relacionados a la pastoral del ministro prácticamente son nulas, tal vez encontraremos un curso sobre el pastor y más bien está enfocado hacia la labor ministerial no hacia el pastor mismo.

Entonces nuestros candidatos prácticamente salen de nuestras instituciones teológicas álgidos, salen con mucha información para reproducir, pero no información para reflexionar en sí mismo, no reflexionar sobre lo que recibieron porque algunos son muy críticos en ese aspecto, pero hablando de información sobre sí mismo, ¿cómo conocerme a mí mismo? Se espera que el candidato cuando llega a la institución teológica él ya sabe quién es él, lamentablemente la experiencia nos ha enseñado que no es así. El ministro sale al mundo real con 24, 25, 26 años y muchas veces sale en esa etapa que es una etapa muy productiva, poca experiencia y sin conocerse a sí mismo. Entonces él entra fácilmente en la corriente del activismo: entre yo mas haga más reconocido soy, mas de valor soy, mas preponderante mi denominación voy a hacer, voy a ocupar mas cargos, voy a tener más puestos, etc., y no sabe que está entrando en una trampa del desgaste personal, del desgaste matrimonial si es casado o del desgaste familiar si tiene sus hijos, entonces esto va a ser contraproducente.

El punto donde debemos enfocar es, cuán importante es la auto diferenciación. Este es un término que es tomado de las ciencias sociales de la parte sistémica pero que nos aporta una riqueza incalculable en la vida teológica. El ministro necesita saber de su llamado ¿Quién es él? Si el ministro no puede definir en dos, tres frases de decir: ¿Quién soy yo en la creación de Dios?, ¿Quién soy yo en Cristo?, ¿Quién soy yo como criatura de Dios?, ¿Quién soy yo como hijo de Dios?, ¿quién soy yo como persona psíquica emocional, espiritual, física?, ese ministro va a tener muchos problemas posteriormente. El va aprender a definirse por el conocimiento que tiene, por las herramientas que él tiene y por lo que él puede hacer. Entonces se da cuenta que entra en competencia con otro ministro, “que puede o logra hacer más que él” y va a entrar en una carrera sin cuartel, una carrera que lo va a deteriorar y va a pagar un precio muy alto.

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