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El siervo de Dios logra más, si es un buen administrador.

En el libro “Desafíos Pastorales” Emilio A. Núñez explica que, la administración en la iglesia loc...

En el libro “Desafíos Pastorales” Emilio A. Núñez explica que, la administración en la iglesia local no es una opción, es un imperativo. Núñez afirma, de una manera u otra el pastor tiene que ser un administrador. Esta es una de las facetas ineludibles de su ministerio. A continuación reproducimos unos párrafos del capítulo 8 del libro mencionado, que indican que el siervo de Dios alcanza y logra más, si es un fiel administrador. Desde el principio de la historia humana el Creador asignó a Adán y Eva la tarea de ser
sus administradores o mayordomos en la Tierra (Gn. 1:28). José, el hijo de Jacob, fue un excelente administrador en la corte egipcia
, porque la mano del Señor estaba con él. En Moisés se combinan las capacidades de un caudillo y de un buen administrador, en los momentos dramáticos de la liberación de Israel del yugo egipcio y en el largo y penoso peregrinaje hacia Canaán. Josué, Nehemías, David, Salomón, y otros eminentes siervos de Dios en días del Antiguo Testamento, se destacaron también por su extraordinaria capacidad administrativa al servicio del pueblo de Dios. Daniel fue un gran estadista en el imperio babilónico como resultado de la sabiduría especial que recibió del Señor.


El Nuevo Testamento enseña que una de las funciones principales del siervo de Dios es ser un administrador. En 1 Corintios 4:2 leemos: “Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel”. En el idioma original de ese versículo, la palabra traducida al español por “administradores” es oikónomois, que también se usa en el versículo 1 y significa literalmente el que gobierna o administra la casa, el mayordomo. En aquellos tiempos el mayordomo o administrador estaba a cargo de velar por la seguridad y el aumento de las posesiones del amo, y en cierto modo por el bienestar de los miembros de la familia y de los esclavos del señor de la casa. El mayordomo administraba bienes que no eran suyos y ejercía una autoridad que no emanaba de sí mismo, sino que le era delegada por su amo. Todos los creyentes en Cristo somos llamados a ser “buenos administradores” (kaloi oikonomoi) de la multiforme gracia de Dios (1 P. 4:10); pero el pastor tiene que serlo de manera especial en la grey del Señor.
En la lista de dones espirituales, en 1 Corintios 12:28, 29, el apóstol menciona “los que administran”. En este caso la palabra griega es kubernéseis, que significa dirigir, gobernar. El kubernéte es el piloto, el que lleva el timón de la nave (Hch. 27:11; Ap. 18:17). También se refiere el Nuevo Testamento a “los que presiden” (proistámenos), es decir los funcionarios o administradores de la iglesia local (Ro. 12:8; 1 Ts. 5:12; cp. 1 Ti. 3:4).

Se sobreentiende que el mero conocimiento de las mejores técnicas administrativas y su diligente aplicación al ministerio de la iglesia local no son la respuesta a todos los problemas, pero sí pueden ayudarnos en gran manera para un servicio más efectivo en la congregación local y fuera de ella. El pastor sabio se aprovechará de las nuevas técnicas administrativas, sin perder de vista su necesidad de seguir dependiendo de la palabra escrita de Dios y del ministerio del Espíritu Santo. Al fin y al cabo el pastor es mucho más que el ejecutivo de una empresa de servicio social y religioso llamada “iglesia”.

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