Por qué tolerar a nuestros semejantes y cómo lograrlo: Hablar de tolerancia en un mundo en el que cada día la insensibilidad humana crece, podría deci
LA IMPORTANCIA DE TOLERAR A NUESTROS SEMEJANTES Y CÓMO LOGRARLO
Hablar de tolerancia en un mundo
en el que cada día la insensibilidad humana crece, podría decirse que es un tanto difícil. Puesto que, a
pesar de que tenemos consciencia de lo
distintos que somos en el modo de pensar, de hablar, incluso de caminar, nos
cuesta aceptar esas diferencias; al punto
de no soportarnos los unos a los otros.
Sin embargo, el apóstol Pablo, a través de la Carta a los Colosenses, nos enseña lo siguiente:
«Dios los ama mucho a ustedes, y los ha elegido para que formen parte de su pueblo. Por eso, vivan como se espera de ustedes: amen a los demás, sean buenos, humildes, amables y pacientes. Sean tolerantes los unos con los otros, y si alguien tiene alguna queja contra otro, perdónense, así como el Señor los ha perdonado a ustedes» (Col. 3:12-13 TLA).
Dicho esto, tolerarnos se ha convertido en un acto en el que se refleja el nivel en que hemos permitido a nuestro
hombre interior fortalecerse, que a su
vez, nos lleva a edificar el cuerpo de
Cristo y a mostrar su amor en cada una
de las relaciones que sostenemos con
nuestros semejantes.
Tolerar no es aprobar, es amar con compasión
A veces pensamos que para tolerar a los demás debemos aprobar todas aquellas
cosas que suelen hacer. No obstante, ser
tolerantes frente a las diferencias es visibilizar el carácter que se ha formado en
nosotros como creyentes. De tal manera, seremos capaces de amar con compasión, siendo pacientes. Como Pablo
en su Carta a los Colosenses nos recordaba:
«[…] Vivan como se espera de ustedes: amen a los demás, sean buenos, humildes, amables y pacientes» (Col. 3:12).
Es importante comprender que,
aunque no estemos de acuerdo con situaciones, decisiones o pensamientos,
jamás debemos irrespetar, maltratar y
abusar de las personas. Lo cual es común en un mundo tan hostil, en donde
siempre tener la razón es prioridad de
muchos y no de unos cuantos. Hecho
que nos lleva a actuar sin sabiduría y
discernimiento, desencadenando conflictos, que podrán evitarse, si tan solo
se coloca la humildad del corazón por
delante de nuestras emociones frenéticas. Si Dios nos ha amado como a la
niña de sus ojos, y ha puesto su mano
de gracia y misericordia sobre nuestras
vidas, ¿por qué nos cuesta hacer lo mismo con quienes nos rodean?
La madurez espiritual de quien sabe soportar
Muchas de nuestras experiencias son
orquestadas por Dios con un propósito,
pues todo tiene su fin en Él y para Él.
Además, nadie nos conoce mejor que
Él. De manera que estaremos expuestos
a vivir situaciones en las que nuestro carácter será forjado para producir en nosotros un cada vez mayor peso de gloria
(2 Cor. 4:17). Es decir, Cristo busca crecer en el corazón de quienes lo reconocen como su Señor y salvador, para ser
manifestado mediante la forma en que
vivimos.
Piensa por un momento en aquellos
que te exasperan, aun por tonterías,
pero que al no soportarlas con el amor
que Jesús nos ha entregado en la cruz, te
llevan a despreciarlos, es más, a odiarlos. ¿Crees que ese actuar es correcto?
Yo pensaría que no lo es. Sin embargo,
también me he detenido a analizar y a
reflexionar acerca de esas veces en que
no he sido tolerante con mis amigos, familiares, compañeros, y hasta conmigo.
Y me he dado cuenta de que hay un trabajo interno que debo hacer día tras
día, ya que, esas diferencias que todavía
no soy capaz de soportar en otros me
alejan de agradar a Dios y de vivir una
vida de piedad.
Aprender a soportar a los demás es
un proceso que nos obliga a reconocer
nuestros errores y debilidades, primeramente, ante el Padre, para luego, con
humildad y mansedumbre, podamos
hacerlo frente a quienes nos rodean. El
Espíritu Santo sabe cómo acercarnos y
guiarnos a la verdad eterna, Cristo. No
obstante, es necesario poner de nuestra
parte, para que logre gestarse un cambio significativo en tu alma y la mía, que
nos dirija hacia ese aprendizaje, el de soportarnos los unos a los otros, con la suficiente madurez espiritual y dominio
propio para expresar lo que nos molesta y no estamos de acuerdo, tal como lo
precisa Pablo.
Tolerancia en tiempos de polarización
La sociedad actual se alimenta de lo que
la tecnología brinda a través de sus múltiples plataformas. Las redes sociales,
por ejemplo, han abrazado una serie de
nichos que obedecen a una profunda
intolerancia a las diferencias. Juzgar las
apariencias se ha convertido en el deporte favorito de quienes no aceptan
que somos distintos, olvidándose de
que Cristo no vino al mundo a juzgar,
sino a reconciliarnos con el Padre.
Por ello, el tipo de tolerancia que
nos pide tener con los otros no procede
de la razón, más bien, es a causa del fruto del Espíritu (Gál. 5:22-23), el mismo
que se ha de desarrollar en cada uno de
los que le amamos, y que nace justamente de ese amor que Jesús nos ofrece, uno que soporta, cree, espera y nunca deja de ser (1 Cor. 13:7-8), porque hemos decidido permitirle ser moldeados
como barro. El creyente que realmente
ha aprendido a soportar a sus semejantes se renueva a diario con su verdad
transformadora. Esa que nos ayuda a
construir relaciones en las que la gracia
de Dios es sobre nosotros. Hoy te pregunto: ¿Cuál es esa área de tu vida en la
que necesitas que el Espíritu Santo obre
en ti para tolerar a los demás?
Sin duda, tolerar las diferencias que
nos marcan como seres distintos, pero
únicos, se visualiza como una necesidad
intrínseca, que va ligada al carácter de
Cristo. Ese que nos enseña mediante sus
obras y su Palabra a entregar nuestro corazón a Él para ser transformado a su
imagen, no a la que consideramos ser la
idónea.
Amarnos unos a otros como Él nos
ama es una tarea que requiere de mucha sabiduría y paciencia, puesto que el
corazón humano no siempre es capaz
de despojarse de aquello que lo mantiene atado a su vieja manera de vivir. Tener presente lo importante que resulta
vestirnos de amor, que es el vínculo perfecto (Col. 3:13-14), nos ayudará a permanecer en la carrera de soportarnos y
reconciliarnos en medio de las diferencias que nos caracterizan. Pues, quien
ha aprendido a soportar sin juzgar, escuchar sin condenar y amar sin esperar
y exigir algo a cambio, ha comprendido
lo que realmente significa vivir el evangelio por el cual hemos sido llamados a
presentarnos limpios, santos y sin mancha (Ef. 1:4-23) delante de quien tiene
toda la potestad para juzgar a vivos y
muertos. Puesto que, finalmente, tolerar no es aguantar, es amar incluso lo
que nos hace diferentes.
Fuentes consultadas
- Tejedor Fuentes, E. (2024). Voy a reverdecer: Un camino hacia mi propia primavera. Barranquilla: Amazon KDP.
Por Erica Tejedor (ericatejedorfuentes27@gmail.com)
Erica reside en Barranquilla, Colombia. Es escritora con
formación en teología y consejería bíblica, apasionada
por la investigación aplicada y las narrativas digitales
como herramienta innovadora para contar historias que
trascienden. Su propósito es compartir el mensaje del
evangelio, resaltando la importancia de la comunión con
Dios como fundamento para atender las necesidades de
la salud mental.

