Sin la mezcla correcta, las plantas son débiles, no tienen raíces profundas o no producen la flor deseada. De manera similar, la plantación de iglesia
CARACTERÍSTICAS QUE IDENTIFICAN A UN BUEN PLANTADOR DE IGLESIA
Cuando un agricultor quiere sembrar semillas para producir girasoles, primero tiene que preparar la
tierra. Debe agregar una mezcla adecuada de fósforo, nitrógeno y potasio que harán un buen fertilizante. El resultado deseado es una planta con raíces profundas, un tallo fuerte y una flor bonita. Sin la mezcla correcta, las plantas son débiles, no tienen raíces profundas o no producen la flor deseada. De manera similar, la plantación de nuevas iglesias también requiere una buena mezcla de elementos.
CARACTERÍSTICAS
La plantación de iglesias no es para todos. Solo quienes tienen la combinación correcta de características, confianza en el Espíritu Santo y la oración eficaz de los creyentes pueden tener éxito como sembradores. El Dr. Charles Ridley1 diseñó un método de evaluación para determinar las características de un plantador eficaz. El resultado de este estudio estadístico, realizado entre sembradores de muchas denominaciones, mostró trece características indispensables.
- Tener capacidad de visión. Significa que el plantador cuenta con una visión de la iglesia que está por establecer. Es una visión que recibe de Dios y que él mismo debe presentar a quienes quieran apoyar la fundación de la nueva iglesia. Sin una visión definida, la iglesia se desarrollará erráticamente, sin enfoque ni destino.
- Mostrar motivación personal. La plantación de una iglesia requiere autodisciplina y una gran cantidad de energía, aun cuando no se vean los resultados en forma inmediata. A veces no hay nadie que anime. En otras ocasiones se trabaja solo, sin mucha dirección ni impulso. Por supuesto que el Espíritu Santo está ahí, pero, humanamente hablando, a veces no hay nadie. Uno tiene que estar motivado para hacer lo que sea necesario a fin de lograr los resultados esperados.
- Ser inclusivo en el ministerio (crear un sentido de responsabilidad). Delegar es la clave para formar un grupo comprometido a trabajar juntos para fundar la nueva iglesia. Un plantador con éxito motiva e involucra a otros. Si intenta hacerlo todo solo, el grupo nunca se comprometerá y verá el ministerio como la labor únicamente del plantador. Si no delega, tendrá que hacerlo todo y el éxito o fracaso quedará en sus propias manos.
- Alcanzar a los no creyentes. El plantador necesita fortaleza y perseverancia para ir a los no creyentes y no quedarse entre los creyentes, donde la vida es más cómoda. Especialmente en los primeros dos años de la plantación, debe dedicar del 60 al 80% de su tiempo a formar nuevas relaciones, a charlar con los vecinos e ir a la calle en busca de los no creyentes.
- Contar con el apoyo del cónyuge. Sin esta cooperación, el plantador lucha dos batallas, una contra el diablo y otra contra su cónyuge. No se puede subestimar la importancia de la cooperación del cónyuge. Sin ella, el plantador se debilita pronto en las batallas que implica plantar una nueva iglesia.
- Tener capacidad para establecer relaciones con otros. El plantador debe ser sociable y poder relacionarse bien con diferentes personas: con sus colaboradores, con los que quiere alcanzar, con las autoridades, etc. Debe conocer a la comunidad, relacionarse con la gente, mostrar interés por ellos como personas y no solo como potenciales convertidos.
- Estar dedicado al crecimiento de la iglesia. Una parte integral de plantar una iglesia es hacerla crecer. El plantador debe tomar muy en serio la multiplicación. Gene Mims y Ramón Martínez2 enumeran cinco componentes del iglecrecimiento: 1) evangelismo, 2) discipulado, 3) ministerio, 4) compañerismo y 5) adoración. Según ellos, la Gran Comisión es la fuerza impulsora del crecimiento de la iglesia y estas cinco funciones son esenciales para hacerla crecer.
- 8. Ser sensible a la comunidad. Jesús, mirando a los hambrientos, les dio comida. Él fue sensible a la necesidad de la multitud. Del mismo modo, el plantador debe ser sensible a las necesidades de la comunidad. No puede ignorar lo que ocurre en ella. Debe preocuparse por los problemas de la comunidad y ver cómo la iglesia puede responder. En ocasiones, atender a esas necesidades abre la puerta para que escuchen el evangelio.
- Utilizar los dones de otros. El plantador debe saber animar a otros para que desempeñen sus dones en la obra de establecer una nueva iglesia. No puede ni debe hacerlo todo, sino que debe utilizar los dones de otros en los diversos aspectos del ministerio. El pastor Pedro capacitó a tres hermanos en Cristo y ellos ahora son pastores. También capacitó a varios hombres y mujeres para ser líderes de grupos pequeños. Muchos ya son ancianos y diáconos. Pedro reconoció sus dones y potencialidades, y los puso a trabajar en la viña del Señor. La iglesia no depende de Pedro, sino que tiene un cuerpo de líderes bien capacitados.
- Ser flexible. Las cosas no siempre salen del modo que uno prefiere y mucho menos al plantar una iglesia. Uno debe estar listo para cambiar de planes. El secreto de la felicidad al plantar una iglesia es seguir el plan divino, y eso implica que a veces tenemos que hacer ajustes. Trabajar con seres humanos también requiere flexibilidad. No podemos imponer siempre nuestras ideas; debemos escuchar a otros e implementar sus ideas también.
- Mantener la unidad en la iglesia. La iglesia es un grupo de creyentes separados del mundo y formados en un cuerpo (Rom. 12:5). El plantador tiene que ser capaz de formar un organismo cohesivo de muchos creyentes con la misma visión, misión, propósito y razón de existir. Si continúan como individuos separados, no llegarán a experimentar el amor fraternal y no podrán resistir las adversidades. Entonces, el plantador necesita habilidades administrativas de organización o sabiduría para buscar quien las tenga. No solo debe preocuparse por traer nuevas ovejas al rebaño, sino también por unirlas como un cuerpo.
- Mostrar adaptabilidad. El plantador debe ser capaz de identificarse con el pueblo al que quiere alcanzar, adaptarse a las situaciones cambiantes y «leer» la cultura, sin dejar de lado sus convicciones y principios. Tito se sometió a la circuncisión aun siendo griego para no ofender a los judíos (Gál. 2:3). Pablo dejó atrás los ritos de los judíos ortodoxos para ganar a los gentiles. En cierto sentido, el buen plantador debe dejar atrás su propia ciudadanía, cultura y preferencias para adaptarse al grupo que va a ministrar, hablando su lenguaje, entendiendo su entorno y aceptando los cambios necesarios para alcanzar a los perdidos.
- Ejercer la fe. Ningún plantador vive por su propia fuerza, sino por el poder de Dios. Él vive por fe y planta una iglesia por fe. A veces la plantación parece muy lenta, y el resultado muy lejano. Tiene que confiar que su visión viene de Dios y vivir cada día con esa confianza, esa fe, hasta que Él produzca el fruto de su trabajo (1 Cor. 3:6). El plantador no puede dudar de que Dios proveerá el fruto. Debe seguir confiando que es Dios quien establecerá la iglesia; él solo es un participante de ese hermoso plan divino.
¿SON TODAS INDISPENSABLES?
¿Se puede certificar a un candidato con doce o menos de estas cualidades? Es una gran tentación, pero las trece características son indispensables. La lista es el resultado de una significativa evaluación social y psicológica, se formó a partir de un amplio estudio estadístico y es confiable, comprobada en la práctica.
¿Tiene usted esas características? ¿Lo ha llamado Dios a ser un plantador?
Fuentes y referencias:
- El Dr. Ridley es profesor en el programa de Psicología de la Universidad de Texas A&M, reconocido especialista en evaluaciones y en la selección de personal ministerial.
- Mims, G. y Martínez, R. (1998). Principios del reino para el crecimiento de la iglesia. El Paso, TX, EE. UU.: Casa Bautista de Publicaciones, pp. 72-94.
POR GARY TEJA
Magíster en Misionología y Ph.D. en Educación, la experiencia ministerial del Dr. Gary Teja abarca la plantación de iglesias, ministerio entre inmigrantes, y servicio misionero en Centroamérica con la Iglesia Cristiana Reformada. Autor de varios libros, ha trabajado en la educación teológica por extensión y ocupado roles de liderazgo en diversas instituciones educativas y ministerios. Actualmente es vicepresidente de la Red de Multiplicación. Casado, padre de dos hijos y abuelo de siete nietos, reside en Holland, Michigan, EE. UU.