La resolución de conflictos implica explorar los medios por los cuales las dificultades y controversias pueden solucionarse.
GUÍAS PARA LA RESOLUCIÓN EFECTIVA DE CONFLICTOS EN LA IGLESIA
La resolución de conflictos implica explorar los medios por los cuales las dificultades y controversias pueden solucionarse. Para muchas personas, conflicto es sinónimo de violencia, lo cual no debería ser así. La violencia, en realidad, es solo una de las numerosas respuestas posibles a un conflicto. Las resoluciones no violentas de los conflictos también se pueden aprender y aplicar de manera constructiva a los desacuerdos a nivel personal, comunitario, nacional, internacional, incluso entre grupos dentro de una congregación cristiana.
HERRAMIENTAS PARA LA RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS
Existen varias herramientas que son necesarias para afrontar las diferencias con los demás y lograr llegar a un adecuado proceso, tales como:
- Confianza en uno mismo y en los demás: Lo que se traduce en creer que se puede hacer algo.
- Asertividad: O lo que es lo mismo, conocimiento de las habilidades sociales adecuadas para abordar los asuntos desde el respeto hacia uno mismo y hacia el otro. Esto implica escuchar activamente y enfocarse en el problema, comprender lo que le dio su inicio y el deseo por su final.
- La empatía: Esto es mostrar comprensión mutua como la mejor forma de lograr un acuerdo o solución. Usando una frase coloquial, es «ponerse en los zapatos del otro».
- La expresión de las emociones: Las emociones básicas que se experimentan cuando se vive un conflicto pueden ser la rabia, la tristeza y el miedo. A veces de forma independiente y otras todas a la vez. El camino a la resolución de conflictos no es otro que la expresión adecuada de estas emociones, la escucha de las de los demás y la búsqueda de alternativas válidas para los involucrados en el conflicto.
- La misericordia: No dejaré de mencionar la enorme posibilidad que como hermanos en Cristo tenemos, y se llama misericordia. ¡Eso sí es ponerse en los zapatos del otro, como Cristo lo hizo al morir por nosotros, expresando la misericordia del Padre ante la miseria humana que no tenía remedio! (Ef. 4:32).
La resolución de conflictos se logra al respetar y valorar las diferencias, reconociendo que cada perspectiva merece consideración y respeto en busca de una solución conjunta. Sin embargo, este proceso implica lidiar con la resistencia a perspectivas alternativas, que podrían ser mejores que la nuestra, adoptar la idea del cambio y asumir el riesgo de dar un paso adelante para transformar la dinámica y explorar nuevas posibilidades. En este contexto, es esencial proporcionar seguridad y justificación para fomentar una actitud receptiva hacia el cambio.
PASOS PARA LA RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS EN LA IGLESIA
Es fundamental reconocer que la duración de un conflicto está vinculada a la gravedad del problema en cuestión. Para comprender plenamente el conflicto, es esencial examinar el panorama completo, considerando el contexto particular en el que ha surgido. Específicamente en el ámbito de la iglesia, encontramos que pueden darse en tres categorías:
- Conflictos debido a pecado evidente y recurrente de un miembro,
- Conflictos con el liderazgo, y
- Conflictos entre miembros.
De acuerdo a la enseñanza de Jesús mismo, comprendemos que los eventos conflictivos en la iglesia pueden suceder. Y para abordarlos, nos dejó directrices claras para su resolución:
«Si tu hermano peca contra ti, ve a solas con él y hazle ver su falta. Si te hace caso, has ganado a tu hermano. Pero si no, lleva contigo a uno o dos más, para que “todo asunto se resuelva mediante el testimonio de dos o tres testigos”. Si se niega a hacerles caso a ellos, díselo a la iglesia; y si incluso a la iglesia no le hace caso, trátalo como si fuera un incrédulo o un cobrador de impuestos» (Mt. 18:15-17).
Para este ejercicio necesitamos expresamente el concurso de la autoridad de la congregación, ya que será ella quien decida en última instancia (según el pasaje indicado). Pero antes...
- Es preciso hablar directamente con la(s) persona(s) en cuestión, pues la resolución del conflicto demanda una confrontación personal, a solas. Desde luego, se espera una decisión de cambio personal y, por supuesto, la demostración de una relación reconciliada en medio de la familia de la fe. ¿Qué podrían hacer los pastores para animar a los feligreses a dar el primer paso cuando surgen conflictos?
- Luego, tiene lugar la importancia de la conversación en un grupo pequeño. En caso de no lograrse el resultado con la confrontación personal entre los afectados directos, el líder o pastor deberá buscar el concurso de dos o tres personas fieles e idóneas de la congregación para servir de testigos —uno de los cuales puede ser él mismo—, y volver a tocar el tema para encontrar, ahora sí, el final del conflicto. Se dará un tiempo prudente para el cumplimiento de los compromisos acordados. ¿Qué podrán hacer los pastores para animar a los feligreses a dar el siguiente paso cuando los conflictos permanecen sin resolver?
- Finalmente, es cuando se vuelve necesaria la toma de decisiones eclesiales. Si pasado este tiempo no se ha logrado dar solución y término al conflicto, deberá hablarse a la congregación. Pero, ¿por qué involucrar a la congregación misma? ¿No sería una medida exagerada en términos de la sociedad moderna en la que vivimos? Debemos recordar que la iglesia de Cristo funciona como un cuerpo, y la situación sin resolver de un miembro enfermo (o dos) no ayudaría a su buen funcionamiento. Un conflicto no resuelto entre miembros de la iglesia, tarde o temprano, se convertirá en un asunto que afectará a toda la congregación.
Así que, podemos concluir:
- El primer paso habla de la restauración uno a uno. Cuando este proceso se lleva a cabo adecuadamente según Gálatas 6:1, y logra el resultado pretendido, se reducirán grandemente los efectos negativos en la iglesia.
- El segundo paso es de la exhortación comunitaria. En Hebreos 3:13 se recomienda la exhortación para ser guardados del endurecimiento por el engaño del pecado.
- El tercer paso, y tras la negativa persistente a resolver el conflicto, lleva a la disciplina. Lamentablemente, a veces tiene que ser expulsado de la congregación quien no desea responsabilizarse del cambio y los compromisos frente a toda la congregación.
Recordemos siempre que la meta es sanar y restaurar para mantener la integridad de la iglesia y el honor de nuestro Señor. Trabajemos por la sanidad y restauración de los miembros de la congregación; ellos lo aprenderán y practicarán para hacer de esta manera un oasis de paz y entendimiento en sus familias, empresas y en el lugar a donde lleven a la iglesia.
Fuentes consultadas:
- Conflict Resolution Network (2003). 12 destrezas para la resolución de conflictos. (Morales, I. N., & De Paz, A., Trad.). Puerto Rico: Instituto para la Comunicación Cooperativa y Centro de Salud Deportiva y Ciencias del Ejercicio.
- Seminario Abierto. «La presencia pastoral en el conflicto». En línea: <https://cutt.ly/vwYDAT60>.
María Piedad Mesa de Echeverri está casada con Juan Fernando hace 48 años, tienen cuatro hijos y esperan a su quinto nieto. Cristiana y comprometida con el ministerio del discipulado y la consejería en la iglesia hace 39 años, Piedad posee una licenciatura y una maestría en Teología. Directora de la academia de su congregación, el Centro de Formación y Liderazgo Cristiano (CENFOL) por 25 años, ejerce la docencia en todos los niveles de capacitación en ella. Escritora de libros, conferencista, coach de liderazgo y mentora de pastores y líderes.

