Orientaciones para la iglesia que desea crecer

Los propósitos de la iglesia y el crecimiento numérico  “Si ustedes quieren que crea en un reden...

Los propósitos de la iglesia y el crecimiento numérico 

“Si ustedes quieren que crea en un redentor, ustedes tienen que mostrarse como redimidos” —Nietzsche. Y vaya que lo que Nietzsche manifestó puede tener algo de verdad. Algunos decimos que somos creyentes, que somos redimidos, pero no demostramos ser tales. Damos muestras de una espiritualidad aparente en sábado y domingo, ¿y de lunes a viernes, qué?

Como parte integrante de la iglesia, los que decimos ser cristianos debemos hacer que Jesucristo sea conocido, sea exaltado. Debemos reiterar e insistir sobre su muerte y resurrección; que Él murió por nuestros pecados. Y por cierto, subrayar en nuestra enseñanza y predicación acerca de lo que es el pecado, del que a veces tenemos temor de platicar. La iglesia de Hechos, a través de Pedro, magnificó la obra de Jesucristo: su muerte, su resurrección, su señorío (Hch 2.22-36).

Evangelismo discipulador 

Como redimidos por Cristo, evangelicemos como lo hizo la iglesia primitiva, enfocando al arrepentimiento y la salvación. Entonces se dará la conversión de los no creyentes (Hch 2. 37-40). Por cierto, el arrepentimiento implica el cambio del modo de pensar acerca del pecado, del ego, de Jesucristo, de Dios mismo. Todos los pensamientos adversos del inconverso cambiarán por la obra y guía del Espíritu Santo, mediante el accionar de la iglesia y de su testimonio.

Se debe enfatizar que la salvación es la presencia del “don del Espíritu Santo” en el pecador (Hch 2.38). Además, los salvos estamos en la obligación de “enlistar y alistar a los nuevos salvos”, impartiéndoles la doctrina bíblica, teniendo comunión con ellos y perseverando con ellos, hacer mayordomía, alabar a Dios y tener favor junto con ellos (Hch 2.41-47). Conviene subrayar que todo esto que incluye el discipulado cristiano no es por obra nuestra, sino por el Espíritu de Dios.

Prioridades de crecimiento 

La práctica de lo anotado nos lleva al fiel cumplimiento de los propósitos genuinos de una iglesia de Cristo. ¿Por qué algunas iglesias crecen espiritualmente y prosperan en el ministerio mientras que otras solo crecen numéricamente, al tiempo que languidecen moralmente, se tornan “anémicas” espiritualmente y hasta acaban por cerrar?

Pues, porque las primeras realizan todo lo antes señalado, apuntando al crecimiento espiritual —más que al numérico—, el cual da Dios mediante su Espíritu y su Palabra. En tanto, las otras tratan de crecer en base al esfuerzo del hombre —que no pocas veces ansía fama y poder económico. Pero Dios es el que edifica su iglesia y el único que añade “a los que han de ser salvos” (Hch 2.47 RV60).

Pautas bíblicas para el crecimiento 

No debemos olvidar que la Palabra de Dios es la fuente primaria de principios en cuanto al crecimiento de la iglesia. Toda ciencia y estrategia correctas pertenecen a Dios, y por ello, a través de una sociología bíblica debemos ponernos a disposición de los designios divinos para con su iglesia.

Como practicante de la medicina, sé que la Biblia esboza los conceptos para el buen “quehacer médico”, si bien es cierto que no detalla procedimientos clínico-quirúrgicos ni de especialidad. No obstante, así como la medicina proviene de Dios, las ciencias sociales y el crecimiento eclesial pueden “darse la mano”, y la Biblia nos proporcionará las pautas correctas para llevarlos a efecto.

Caminos equivocados para el crecimiento 

Conviene enfatizar algunas desviaciones, a fin de no caer en ellas. Al igual que Pablo, tenemos que “aferrarnos a lo bueno y evitar toda clase de mal” (Ro 12.9; 1 Ts 5.21-22). Entonces:


  1. No caer en el afán por los números. Por tener más gente en la iglesia podemos caer en la “numerolatría”. 
  2. No buscar lo práctico a costa de la espiritualidad y la fe bíblicas. Aquello se llama “pragmatismo”, evitémoslo. 
  3. A veces se cae en el “racismo santificado” para dar paso a la pretensión de las “unidades homogéneas”. Ello nos lleva a la discriminación hacia otras congregaciones, rondando solo bajo nuestro propio círculo y cayendo en el “argollismo”. 
  4. En ocasiones, la iglesia es vista y tratada como una empresa, como un negocio. Esto es “mercadeo”. 
  5. No pocas veces se cae en la llamada “superespiritualidad”. Se cree que un culto emocionante dentro de cuatro paredes es suficiente, y nos cruzamos de brazos en lo que concierne al testimonio cristiano “en” el mundo. 


Por todo ello, conviene recalcar que solo Dios es el que hace la obra a través de su Espíritu y su Palabra, pero nos usa a nosotros como colaboradores en el reino, pese a las crisis. Nos hemos de ayudar a vivir y crecer, las crisis nos llevan a ser más humanos y verdaderos cristianos.
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Dr. Jaime Sisalima Sarmiento jasisar@hotmail.com
Jaime es de Ecuador. Es médico cirujano y ginecólogo y posee una maestría en Estudios Teológicos. Ingresó al ejército de su país como Teniente de Sanidad. Está casado con Arlene Soria desde hace 40 años, y tienen dos hijos y cuatro nietos. Jaime se ha dedicado principalmente al servicio social y la enseñanza.

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