¿Para qué nos da Dios el dinero? Auto-gobierno y mayordomía de los bienes materiales

¿Quién es el dueño? Una joven que comenzaba a conducir el auto de su papá llegó apenada con él...



¿Quién es el dueño?

Una joven que comenzaba a conducir el auto de su papá llegó apenada con él, pues al estacionarse en casa, de regreso de la tienda, había raspado un poco el frente del vehículo. Su padre, quien estaba de regreso de un seminario en su iglesia local, la miró llegar cabizbaja, y preguntó qué había sucedido. Ella, esperando el regaño, le platicó del accidente.

Este hombre estaba listo para desatar su enojo cuando, de pronto, recordó lo que había aprendido esa semana respecto a entregar nuestros bienes al Señor. Rápidamente puso una sonrisa compasiva en su rostro y preguntó a su hija si se encontraba bien. La joven, sorprendida por la actitud diferente de su padre, respondió que sí.

Fe y dinero, ¿compatibles? 

En nuestros tiempos, el estatus económico y el código postal han llegado a señalarse como indicios de que Dios ha bendecido la vida de un creyente. Un Elías actualmente sería menospreciado en muchos círculos por una supuesta falta de fe o negligencia, al carecer de lo más básico, mientras que, en el otro extremo, un Salomón quizás sería catalogado como un creyente avaro y fantoche.

Ninguno de los dos sería juzgado con justicia por lo aparente. Pues, como el apóstol Pablo menciona, en cualquiera de las dos situaciones, Dios sigue siendo nuestra fortaleza (Fil 4.12-13) y lleva a sus hijos a través de aquello que nos conformará a la imagen de Cristo (Ro 8.28-29).

El dinero, un medio y no el fin 

Sin embargo, no todos manejan correctamente lo que Dios deposita en sus manos. Muchos en miopía espiritual llegan a centrarse solamente en lo cercano, lo presente y momentáneo, olvidando que aquello que Dios nos confía es para extender su reino, para ser canales de bendición y mensajeros de su poder. Para ser sensibles a su Espíritu, no tomando lo que recibimos de su mano como solo para nosotros, sino para ser mayordomos sabios de la causa de Cristo.

“Dios está buscando un hombre en quien Él pueda depositar un sueño más grande. La diferencia está en pedir para dar, ser aquel que ore por más para bendecir a otros.” ~ Rodolfo Orozco 

Cualquiera sea la condición financiera en que un creyente se encuentre, Dios lo seguirá exhortando a confiar en Él con todo su corazón (Pr 3.5) y no poner su corazón en las riquezas (Sal 62.10). Usar de ellas, y no ser controlado por ellas, es la clave. No fuimos llamados a atesorar cosas en esta tierra sino reconocer que lo que llega a nuestras manos es para servir, para extendernos hacia otros, para apoyar causas que honren a Dios y muestren Su amor hacia los demás.

Pero no solo el dinero 

Por varios años de solteros, y ahora casados, mi esposa y yo hemos servido en algunos orfanatos en Monterrey, México, donde hemos visto el mismo patrón de parte de quienes apoyan a estas instituciones cada año. Los grandes aportes en días festivos como el Día del Niño y Navidad se hacen notar con juguetes, cobertores, ropa, zapatos y mucho más.

En varias ocasiones, las incansables familias y el personal han compartido con nosotros que los niños y adolescentes tienen suficientes recursos materiales y dinero para el alimento diario, pero nadie que los visite, que los ayude con sus tareas escolares, o que simplemente pase tiempo de calidad con ellos. Estos niños y adolescentes enfrentan un sin fin de preguntas en esta etapa de sus vidas. En fin, somos mayordomos no solamente de nuestros bienes, sino también del sabio uso de nuestro tiempo, nuestros talentos, aquello que Dios nos ha permitido aprender, y más.

 “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gálatas 6:10). 

Dios da, y Él quita 

A menudo cuando gozamos de la comodidad material, corremos el riesgo de olvidar la causa de Dios y su reino. Es entonces que Dios en amor quiebra lo temporal para forjar lo eterno. Nos enseña que Él da y Él quita, para que comprendamos que no somos de este mundo, sino peregrinos y extranjeros, para no acumular para nosotros mismos sino para ser testimonio a otros de que en abundancia o en escasez nuestra confianza no está en las posesiones, sino en el Dador de todo, en una causa mayor, eterna.
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Por Gerardo Guerra. Gerardo es autor del libro "Más que saliva". Junto con su esposa e hijo de 5 meses sirven bajo una organización cristiana al sur de Taiwan por segundo año. Ha dirigido grupos de jóvenes y adolescentes por más de 10 años, así como producido y dirigido programas de radio en Monterrey, México, de donde es originario. Extraña los tacos y la comida mexicana,, pero está decidido a dominar los palillos chinos al comer arroz. 
mail: gerardo@crelevante.com

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