La esencia de la consejería bíblica

Aconsejar bíblicamente significa mostrarle a la persona quién es Dios y quién es esa persona en Cr...

Aconsejar bíblicamente significa mostrarle a la persona quién es Dios y quién es esa persona en Cristo y qué es lo que Dios desea que el aconsejado haga en cuanto a su relación con Él. Gary Collins nos aclara de manera sencilla cual es la base para una buena consejería cristiana: “Una extensa variedad de estudios han demostrado que los consejeros eficaces triunfan, no sólo por lo que dicen en la consejería, sino por lo que son. Se han descubierto que los buenos consejeros son cariñosos y amigables, son personas sinceras que quieren ayudar y tienen la habilidad de entender los problemas y sentimientos de los demás. Si usted quiere llegar a ser un consejero cristiano efectivo, primero sea un hombre o una mujer de Dios”.




¿En qué consiste entonces la consejería cristiana?
La consejería cristiana consiste principalmente en que el consejero tenga una intima relación con Jesucristo, dejándose transformar para que pueda conocer cuáles son los problemas que mas aquejan al ser humano. Por medio de esta relación con Jesús, el consejero recibe una capacitación sobrenatural que lo ira perfeccionando, para que pueda expresar las palabras exactas que restaurará al aconsejado.

El propósito de la consejería
Así como Jesús vino al mundo para restaurar, enseñar, animar, guiar y a aconsejar al hombre, así la consejería cristiana tiene el propósito de ayudar a personas que están en crisis y conflictos o que necesitan de guía y orientación bíblica, para fortalecer la comunión y su relación con Dios, con el prójimo y consigo mismo. La consejería implica una relación de cuidado entre por lo menos dos personas. Una de ellas, el consejero busca ayudar al aconsejado, y éste busca aplicar la sabiduría de Dios como lo enseña la Biblia.

Metas de la consejería
(a) Cambiar actitudes que a un creyente le desvían del propósito que Dios tiene para su vida. (b) Transformar a una persona que aún no conoce del amor de Dios y su pecado ha pasado a ser parte de su accionar diario, acciones o valores que vayan en contra de la Palabra de Dios. (c) Enseñar habilidades, por ejemplo: como relacionarse adecuadamente con las demás personas, como comunicarse, como estudiar o como orar, enseñándole las cualidades que deben caracterizar a un hijo de Dios. (d) Guiarle a reconocer sentimientos como ansiedad, temor, soledad o ira que obstaculizan tener un gozo genuino, el cual solo la restauración pura por medio del perdón de Jesucristo se puede lograr. (e) Entender las causas de los problemas, que en algunos casos vienen enraizados de los antepasados, convirtiéndose en algo normal y común en sus vidas, pero en realidad son impedimentos para disfrutar del presente. (f) Tomar responsabilidad por cambios de conducta y de actitudes, conduciéndole al aconsejado a generar una nueva amistad a quienes él ha herido o le han herido. (g) Ayudarle a reconocer el pecado, confesarlo y experimentar el perdón de Dios, motivando al aconsejado hacia un arrepentimiento verdadero donde en su interior se genere libertad y un nuevo nacimiento espiritual, con motivaciones a reproducir esa transformación hacia otros miembros de la familia de la fe.

Fuentes:
1. Hebert Palomino. Introducción a la consejería cristiana.
2. Gary Collins. Consejería Cristiana Efectiva. Editorial Portavoz
3. Mario Bertolini. Manual de Consejería Bíblica. Editorial Peniel

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