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Justino, el filósofo que defendió la fé hasta la muerte.

Justino, el mártir (100-165) Nació en la ciudad de Flavia Neapolis, actual Nablús, en Palestina; ll...

Justino, el mártir (100-165)
Nació en la ciudad de Flavia Neapolis, actual Nablús, en Palestina; llamada Siquem en el Antiguo Testamento. Aunque afirma ser samaritano, su familia era pagana de habla griega, por lo que fue educado en ese contexto cultural. En su “Diálogo con Trifón” cuenta que estudió filosofía con diferentes maestros que por una u otra razón le decepcionaron y, tras convertirse al cristianismo en Éfeso, en tiempos de Adriano, dedicó el resto de su vida a difundir lo que él consideraba la verdadera filosofía.
Parece ser que viajó bastante, y que al final de su vida se instaló en Roma, donde fundó el Didascáleo romano, una escuela de filosofía cristiana. Sufrió martirio en la capital del Imperio, debido a sus disputas con el cínico Crescencio, durante el reinado de Marco Aurelio.

La busqueda en la filosofía.
Sus padres eran personas ilustradas e inculcaron en Justino el deseo de buscar respuestas en la razón y el procurar sabiduría. Muy bien educado, de joven se dedicó al estudio de la filosofía griega. Buscó entonces la verdad en las escuelas de los filósofos, conversando con aquellos que demostraban poseer ideas más sublimes que las que alimentaban a las multitudes extraviadas. Miraba a todos lados buscando el faro que podría guiarle al anhelado puerto de la sabiduría. Golpeaba a las puertas de todas las escuelas filosóficas. Justino describe esta etapa de su vida:


“Yo también, en mis comienzos, por el deseo de compenetrarme con uno de estos [maestros], me hice discípulo de un estoico. Tras pasar con él bastante tiempo, me despedí de él, porque no había adelantado nada en el conocimiento de Dios (pues ni él sabía ni, según decía, consideraba tal ciencia necesaria). Me pasé a otro, un peripatético... Como mi alma aún anhelaba ponerse a la escucha de lo más excelente y propio de la filosofía, acudí a un pitagórico muy afamado... Estando así desorientado, me pareció oportuno relacionarme con los platónicos... La consideración de lo incorpóreo me exaltaba. La contemplación de las ideas daba vuelo a mi inteligencia. En poco tiempo me creí ya sabio y, neciamente, esperaba captar en breve al mismo Dios; pues tal es el objetivo de la filosofía de Platón”
[Dialogo con Trifón 2,3-6].

Con todo esta filosofía no encontró saciada su sed de conocimiento sino hasta que conoció la Biblia.

Una conversación que cambia su vida.
Caminando un día, pensativo, por las orillas del mar, vestido con su toga de filósofo, encontró a un anciano, que le impresionó por su imponente aspecto y por la bondad de su carácter. Reconociendo en el manto que Justino era uno de los que buscan la verdad, aquel anciano se le acercó procurando entablar conversación. Era un cristiano que andaba buscando la oportunidad de cumplir con el mandato del Maestro de llevar el evangelio a toda criatura. Ni bien empezó a hablarle logró tocar la cuerda más sensible del corazón de Justino. Le dijo que la filosofía promete lo que no puede dar. Entonces le habló de las sagradas Escrituras, que encierran todo el consejo de Dios, y le indicó la conveniencia de leerlas atentamente, añadiendo: "ruega a Dios que abra tu corazón para ver la luz, porque sin la voluntad de Dios y de su hijo Jesucristo, ningún hombre alcanzará la verdad". El corazón de Justino ardía dentro de él al oír las palabras tan a punto de su interlocutor.

Encontrando a Dios en las Escrituras.
Fue entonces cuando se decidió a estudiar asiduamente las Escrituras del Antiguo Testamento. Las profecías le llenaron de admiración. La manera como éstas se cumplieron, le convenció de que aquellos hombres que las escribieron habían sido inspirados por Dios. Los Evangelios lo pusieron en contacto con aquel que pudo decir: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida". Pudo oír las palabras de aquel que habló como ningún otro habló, conocer los hechos de aquel que obró como ningún otro obró, y leer la vida del que vivió como ningún otro vivió. Las Escrituras le guiaron a Cristo, en quien halló la verdadera filosofía.

Un filósofo predicador.
Justino, pues, sin abandonar la toga de filósofo que le daba acceso a los paganos, se consagró a predicar la verdad, no ya como uno que la buscaba sino como uno que la poseía. No cesaba de trabajar para que muchos viniesen al conocimiento del evangelio, pues creía que el que conoce la verdad y no hace a otros participantes de ella, será juzgado severamente por Dios. Toda su carrera, desde su conversión a su martirio, estuvo en armonía con esta creencia. Día tras día se le podía ver en las plazas, rodeado de grupos de personas que le escuchaban ansiosos. Los que pasaban se sentían atraídos por su toga, y después de la corriente salutación: "salve, filósofo", se quedaban a escucharle. Cumplía así el dicho de Salomón acerca de la Sabiduría: "En las alturas, junto al camino, a las encrucijadas de las veredas se para, a la entrada de las puertas da voces". Así Justino era uno de los instrumentos poderosos en las manos del Señor, para hacer llegar a las multitudes el conocimiento del evangelio.

Defendiendo la fé por medio de escritos.
Como escritor, Justino puede ser considerado uno de los más notables de los tiempos primitivos del cristianismo. Se le atribuye, con certeza, la autoría de dos Apologías, donde realizó una erudita defensa de los cristianos frente a los cargos de ateísmo y sedición contra el Estado romano, y del Diálogo con Trifón, que recoge una discusión real mantenida en Éfeso. Estos escritos son también valiosos por la información que proporcionan sobre la Iglesia cristiana del siglo II. Las actas que se conservan acerca del martirio de Justino son uno de los documentos más impresionantes que se conservan de la antigüedad. Justino es llevado ante el alcalde de Roma, y empieza entre los dos un diálogo emocionante:

-Alcalde: ¿Cuál es su especialidad? ¿En qué se ha especializado?
-Justino: Durante mis primero treinta años me dediqué a estudiar filosofía, historia y literatura. Pero cuando conocí la doctrina de Jesucristo me dediqué por completo a tratar de convencer a otros de que el cristianismo es la mejor religión.
-Alcalde: Loco debe de estar para seguir semejante religión, siendo Ud. tan sabio.
-Justino: Ignorante fui cuando no conocía esta santa fe. Pero el cristianismo me ha proporcionado la verdad que no había encontrado en ninguna otra religión.
-Alcalde: ¿Y qué es lo que enseña esa religión?
-Justino: La Fe cristiana enseña que hay uno solo Dios y Padre de todos nosotros, que ha creado los cielos y la tierra y todo lo que existe. Y que su Hijo Jesucristo, Dios como el Padre, se ha hecho hombre por salvarnos a todos. El cristianismo enseña que Dios está en todas partes observando a los buenos y a los malos y que pagará a cada uno según haya sido su conducta.
-Alcalde: ¿Y Usted persiste en declarar públicamente que es cristiano?
-Justino: Sí declaro públicamente que soy un seguidor de Jesucristo y quiero serlo hasta la muerte.

El alcalde pregunta luego a los amigos de Justino si ellos también se declaran cristianos y todos proclaman que sí, que prefieren morir antes que dejar de ser amigos de Cristo.

-Alcalde: Y si yo lo mando torturar y ordeno que le corten la cabeza, Ud. que es tan elocuente y tan instruido ¿cree que se irá al cielo?
-Justino: No solamente lo creo, sino que estoy totalmente seguro de que si muero por Cristo y cumplo sus mandamientos tendré la Vida Eterna y gozaré para siempre en el cielo.
-Alcalde: Por última vez le mando: acérquese y ofrezca incienso a los dioses. Y si no lo hace lo mandaré a torturar atrozmente y haré que le corten la cabeza.
-Justino: Ningún cristiano que sea prudente va a cometer el tremendo error de dejar su fe por quemar incienso a falsos dioses. Nada más honroso para mí y para mis compañeros, y nada que más deseemos, que ofrecer nuestra vida en sacrificio por proclamar el amor que sentimos por Nuestro Señor Jesucristo.


Los otros cristianos gritaron que ellos estaban totalmente de acuerdo con lo que Justino acababa de decir. Justino y sus compañeros, cinco hombres y una mujer, fueron azotados cruelmente, y luego les cortaron la cabeza. El antiquísimo documento termina con estas palabras:

"Algunos fieles recogieron en secreto los cadáveres de los siete mártires, y les dieron sepultura, y se alegraron que les hubiera concedido tanto valor, Nuestro Señor Jesucristo a quien sea dada la gloria por los siglos de los siglos. Amén".


Bibliografía
http://www.seminarioabierto.com/iglesia04.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/Justino_Mártir
http://biografas.blogspot.com
http://es.encarta.msn.com
http://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=165
http://es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=315
http://aprendeenlinea.udea.edu.co/lms/moodle/file.php/207/notas/San_Justino.doc

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  1. Anónimo9/8/09

    muy bueno el tema de Justino, deceo si pueden publicar algo de las tradiciones Judias

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  2. Anónimo23/2/12

    tremenda bendicion y que buen ejemplo de seguir

    es necesario seguir en la fe

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  3. Anónimo11/10/12

    Sentir como vivieron estos padres de la fe, conque devoción y entrega, uno no puede ser la misma persona o mejor dicho un cristiano superficial --- Muy bueno bendiciones

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