Qué significa ser un papá completo

Pautas para una paternidad integral  Llegar a ser padre es una experiencia grandiosa en la vida....

Pautas para una paternidad integral 

Llegar a ser padre es una experiencia grandiosa en la vida. La primera sensación al contemplar y tocar al primer hijo es difícil de describir. A menudo, los sentimientos de euforia y felicidad son interrumpidos por la sensación de un peso enorme que se coloca sobre los hombros: “¡Dios mío! ¡Tengo un hijo!” Es el peso de la responsabilidad.

Ser papá hace madurar a un hombre. Es verdad que se necesita haber alcanzado cierta madurez en la vida antes de convertirse en padre, pero seamos francos: ¡ninguno está completamente preparado para la llegada de un hijo! La paternidad trae consigo sus propias cuotas de madurez que necesitamos seguir adquiriendo.

¿Un padre “completo”? 

Dicho esto, en este artículo queremos referirnos al concepto de padre “completo” y cómo ser uno. ¿Pero qué queremos decir con ser un padre “completo”? Queremos usar el término para referirnos básicamente a una paternidad integral; al padre de familia que, movido por el sentido de responsabilidad, procura cubrir en su rol de padre todos los aspectos de vida de sus hijos.

Un padre completo, en este sentido, está lejos de ser un hombre sin problemas. ¡Todo lo contrario! Es probable que se vea envuelto a menudo en diversos aprietos, precisamente en el intento de estar a la altura de su responsabilidad.

El papel docente del padre 

Hasta hace muy pocas décadas, un hijo adquiría su formación profesional principalmente de aprender con su padre. Aunque esto haya cambiado hoy en día con el auge de las universidades, no obstante sigue siendo cierto que un hijo aprende lo que es el trabajo y desarrolla sus habilidades al lado de su padre, y a partir de su ejemplo. Especialmente en los primeros años de la infancia, lo que los padres dicen y hacen constituye la fuente última de verdad y autoridad. Así que, lo mejor es que como padres seamos intencionales en cuanto a nuestro rol de docentes. Después de todo, con intención o no, nuestras palabras y ejemplo están enseñando a nuestros hijos. Ahora bien, si pudiéramos resumir en tres áreas en que como padres deberíamos concentrarnos en nuestro papel educativo, ¿cuáles serían?

Creemos que las siguientes son áreas “pilares” que corresponden justamente a esto.

1. La formación del carácter 

“La vida familiar es una escuela para el carácter”, señalaba Martín Lutero. En este sentido, podemos decir que uno de nuestros “oficios” como padres es ser “alfareros del carácter” de nuestros hijos. Ellos son como un material más o menos flexible en nuestras manos, con el que debemos trabajar. ¡Qué responsabilidad! Pero por otro lado, ¡qué privilegio… y cuánta aventura!

El pastor y consejero Paul D. Tripp nos dice una verdad muy significativa en cuanto a la formación del carácter, que como padres necesitamos asumir: “El carácter no se forma en diez grandes momentos. El carácter se forma en diez mil pequeños momentos de la vida diaria”. Y una de las maneras más simples pero poderosas en que estamos dando forma al carácter de nuestros hijos es con el valor que le damos a la palabra.

Apenas nuestros hijos comiencen a hacer uso de su capacidad reflexiva —alrededor de los 5 años—, ellos nos dirán cosas como: “Papá, pero tú dijiste…” ¿Ya le ha pasado? Cumpla con sus palabras siempre, así esto signifique premiar a su hijo o disciplinarlo. Él estará recibiendo un mensaje inequívoco sobre el valor de un carácter íntegro.

2. La formación social-afectiva 

Nuestros niños y jóvenes hoy están constantemente rodeados de la tecnología, en contacto frecuente con máquinas y manteniendo comunicaciones “virtuales”. No es de sorprenderse que los psicólogos y pedagogos estén hablando de que la principal carencia de la nueva generación es de naturaleza afectiva.

Los padres de la actualidad tenemos un gran desafío: enseñar a nuestros hijos a cultivar relaciones “reales”, a ser sensibles a las necesidades de otros, y a valorar el afecto familiar y de los amigos “de carne y hueso”. En este aspecto, asegurémonos de abrazar y besar a nuestros hijos con frecuencia. El contacto físico afectuoso juega un papel muy importante en la salud emocional de los niños y adolescentes.

Además, es necesario asegurarse de que estemos brindando a nuestros hijos, en palabras y gestos, suficientes expresiones de afirmación por lo que ellos “son”, y no en base a sus destrezas y logros solamente. Si sus hijos van a la escuela, usted ya sabe: viven todo el tiempo para la “competencia”. Nuestros hijos necesitan estar seguros de que nuestro afecto hacia ellos —y nuestra felicidad con ellos— no depende de sus rendimientos y puntajes.

Prestando la debida atención a estos aspectos, estaremos criando niños y jóvenes emocionalmente sanos, sensibles hacia otros, y seguros de sí mismos.

3. La formación espiritual-religiosa 

En nuestros países de América Latina es muy común la idea de que “las cosas de Dios son para las mujeres y los niños”, pero no para los hombres. Históricamente, y debido a esto, generalmente han sido las madres las que se ocupaban de las cuestiones religiosas de la familia.

Sin embargo, en la Biblia encontramos que la intención de Dios es diferente: la religión es cosa que pertenece primordialmente a los hombres, y de manera específica, al padre de familia. Como padres, hemos de aceptar el papel de “sacerdotes” de nuestro hogar. Somos responsables de la instrucción bíblica y de dirigir a nuestras familias en la devoción y la práctica de las disciplinas espirituales.

Pero por otro lado, el hecho de ser como sacerdotes no debe hacernos presumir de una perfección espiritual que no poseemos. En Hebreos 5.1-4 leemos que un sacerdote intercede por su pueblo siendo consciente de sus propias debilidades. Puesto que conoce sus propias flaquezas, se puede solidarizar y compadecer de aquellos que acuden a él en busca de ayuda.

Piense en las implicaciones. No tiene sentido exigir que nuestros hijos sean mejores de lo que éramos nosotros. Naturalmente, esperamos que tomen buenas decisiones, y oramos para que actúen con sabiduría. Pero nosotros no siempre hemos sido sabios y maravillosos tampoco. Lo que debemos ofrecerles no es un ejemplo perfecto, sino solidario, corazones compasivos que continuamente se acercan a ellos con amor, y que se acercan continuamente a Dios en nombre de ellos. Usted no puede ser un padre perfecto, pero puede guiar a sus hijos a Uno que sí lo es.

El evangelio es para los padres 

Seguramente a estas alturas más de un padre nos habremos sentido inseguros y culpables ante la gran responsabilidad que implica la paternidad. Y en realidad es bueno que nos sintamos así, porque se trata de una responsabilidad que no es menos que sagrada, y que nos recuerda nuestra enorme necesidad del evangelio.

Usted como padre necesita el evangelio, porque en su rol de padre usted inevitablemente va a pecar —contra Dios y contra sus hijos. El evangelio nos recuerda que “allí donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Ro 5.20), incluyendo los pecados que cometemos en nuestro rol de padres.

Pero además, usted como padre necesita el evangelio porque sus hijos también pecarán contra usted. Sin duda, ellos serán ingratos, lo avergonzarán, y romperán su corazón mil veces antes de cumplir 20 años. Son pecadores, tal como usted. Y a menos que su amor y perdón fluyan de la cruz de Cristo, usted no será capaz de amar y perdonar lo suficiente. Usted necesita aplicar el evangelio a su rol de padre.

Un aliento final 

Queridos padres, Dios nos ha dado un privilegio muy alto, y una tarea muy seria: criar hijos para su gloria. Solo Dios conoce la alegría que disfrutamos de ser papás; y también conoce las preocupaciones de nuestros corazones, y lo frustrados que nos sentimos a veces en nuestras limitaciones, necesidades y errores. Confiemos en Él. Apoyados en su gracia, seremos padres completos y cumpliremos con nuestro deber.

Proverbios, un libro para los padres Generalmente, insistimos a nuestros niños y jóvenes a que lean asiduamente el libro de Proverbios en la Biblia, puesto que este libro reúne enseñanzas muy pertinentes para su vida presente y futura. Pero podríamos verlo también desde la perspectiva opuesta, y considerar el libro de Proverbios como un manual que los padres deberíamos leer de manera asidua, para saber sobre qué asuntos necesitamos instruir a nuestros hijos. A propósito, el mismo libro de Proverbios está compuesto en la forma de un padre —y la madre— instruyendo a su hijo (1.8; 3.1; 4.10-11; 7.1; 19.27; 23.26; 24.21; 27.11; 31.2). ¿Ha observado con atención el contenido de Proverbios? El libro incluye instrucciones sobre prácticamente todos los aspectos de la vida: la familia, el trabajo, la educación, la economía, la recreación, la sexualidad, la política, la religión, etc. El padre “completo” habla sobre todas estas cosas con sus hijos. 


Fuentes: 

M. R. De Haan II. ¿Cómo puede un padre encontrar paz mental? RBC Ministries.
P. D. Tripp. Whiter than snow [Más blanco que la nieve]. Crossway.
Conozca a la Generación Alfa. Revista La Fuente, Ed. 111, Abril 205.
Formación bíblica de los hijos en el hogar. Chapel Library. En línea: http://bit.ly/125-fbhh

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