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Evita la inseguridad emocional

Auto-gobierno y el control emocional  Recientemente, uno de los equipos en la organización cri...


Auto-gobierno y el control emocional 


Recientemente, uno de los equipos en la organización cristiana para la que mi esposa y yo servimos aquí en Taiwán ha estado teniendo dificultades en diversas áreas. Los miembros de este equipo han estado tratando de entender las causas por la que se han sentido estresados en su trabajo y en la manera que se comunican o entienden la cultura a la que Dios les llamó a servir. Al sentarme con ellos y su líder, comprendí que gran parte de este estrés y dificultad para interactuar con la comunidad Taiwanesa no provenía de las diferencias culturales o la carga de trabajo, sino de la manera en que el director de este equipo había estado proyectando sus inseguridades y temores personales al grupo.

La constante presión personal y el temor de ser visto inadecuado para el puesto al que fue elegido por primera vez, ha sido una de las mayores causas de estrés emocional que este líder ha enfrentado, la cual ha repercutido en gran medida en el sentir de los miembros de su equipo. Abiertamente compartió la manera en que había enfrentado las situaciones que llegaban a sus manos, desvelándose hasta altas horas de la madrugada preocupado en cómo resolver el asunto, comunicando con personas externas al equipo detalles que los miembros de su grupo le habían confiado, dejando para después responsabilidades claves en su labor, etc. El resultado, un equipo estresado, desconfiado y temeroso.

 “El temor al hombre es un lazo, pero el que confía en el Señor estará seguro” (Pr 29.25, LBLA).

Desconfianza y manipulación 


Leía acerca del fiscal número uno en delitos por trata de personas y derechos civiles del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, quien explicaba lo que tienen en común los violadores, criminales y líderes de la trata de personas. Él decía:

“Todos ellos creen que los demás están en su contra. Las personas más ásperas que he conocido a través de los años han tenido dos cosas en común: ellos no logran confiar en los demás completamente, y ven a las demás personas como medios para obtener algo.” 

Es tan fácil incurrir en cualquiera de estas dos conductas por temor a lo que otros harán o dirán, sea que nos abrumemos por tratar de mostrarnos capaces para el puesto o permitiendo que las actitudes de otros nos hagan desconfiados e insensibles.

 Vivir por la opinión de los demás 

Si vivimos para la aceptación de otros, moriremos con su rechazo.
No podemos caminar con temor al hombre,

“porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”, exhortaba Pablo a Timoteo (2 Ti 1.7). 

No debemos depender de la opinión de los demás para sentirnos valorados, apreciados o adecuados para alguna posición. Pero tampoco pasar nuestra vida esperando lo peor de los demás. Nos tornaremos en manipuladores amargados, o por otro lado, enfermos, proyectando en otros nuestra falta de control emocional y dependencia continua de Dios.

Mi esposa cuenta una práctica muy útil que tenía de soltera cuando se sentía abrumada y no podía dormir. Ella tomaba un papel al lado de su cama y escribía todas aquellas cosas que le preocupaban. Entonces metía el papel a un cajón y oraba, entregándole todas aquellas cosas a Dios, rogándole que Él se encargara. Así ella descansaba, poniendo sus emociones al pie de la cruz.

 “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 P 5.7). 

Confianza en un Dios soberano 

La mayoría de las cosas que nos preocupan nunca suceden.

Dios es un Dios soberano, quien permite que diversas situaciones lleguen a nuestra vida, no con la intención de agregar carga a nuestros lomos, sino para que ahí, frente a nuestro Jericó y cabizbajos, nos demos cuenta de que Él va delante con la espada desenvainada. Debe ser nuestra determinación constante, al ser abrumados, en reverencia quitar las sandalias de nuestros pies y reconocer que nada ha llegado a nosotros con el propósito de destruirnos sino para que Dios muestre su poder ante la nube de testigos que nos observa.

“La diferencia es Cristo en mí, no que mis circunstancias sean diferentes” —Elisabeth Elliot 

Josué pudo tomar el control en sus manos y liderar a Israel para tomar Jericó y la tierra prometida, pero Dios conocía su corazón moldeable, listo para entregar su corona a los pies de su Señor. Dios se glorificó en su mansedumbre y dejó un testimonio impresionante para las siguientes generaciones.

Martín Lutero decía que él no podía evitar que los pájaros volaran sobre su cabeza, pero sí que hicieran nido en ella. Así mismo, no podemos evitar que adversidades y situaciones complejas lleguen a nosotros, pero sí podemos decidir llevarlas a nuestro Padre celestial en lugar que estas aniden en nuestras emociones con una carga que Dios nunca tuvo la intención que lleváramos. por

Por Gerardo Guerra Rosas. Gerardo es autor del libro "Más que saliva". Junto con su esposa e hijo de 5 meses sirve bajo una organización cristiana al sur de Taiwán por segundo año. Ha dirigido grupos de jóvenes y adolescentes por más de 10 años, así como producido y dirigido programas de radio en Monterrey, México, de donde es originario. Extraña los tacos y la comida mexicana, pero está decidido a dominar los palillos chinos al comer arroz. 
gerardo@crelevante.com

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