¿Quién determina la moral?

Lo bueno y lo malo en una sociedad pluralista  La ética sigue siendo uno de los aspectos más c...


Lo bueno y lo malo en una sociedad pluralista 


La ética sigue siendo uno de los aspectos más controvertidos en la sociedad contemporánea, sobre todo en el mundo occidental. Situaciones desafiantes y debates sobre el matrimonio homosexual, la eutanasia y el aborto, por ejemplo, se han instalado en los últimos años, obligando a “revisar” la moral que se ha dado por sentado en nuestros pueblos y evaluar si es correcta o no, y si tiene futuro o no.

Una definición sencilla de la moral es “el conjunto de costumbres y normas que se consideran buenas para dirigir o juzgar el comportamiento de las personas en una comunidad”. Ahora bien, ¿quién determina ese conjunto de costumbres y normas? ¿En base a cuáles razones y criterios?

La necesidad de las normas morales 

Debemos señalar, en primer lugar, que la moral es de necesidad primaria. ¿Cómo? Si no existieran la ética y las normas morales, la convivencia en la sociedad sencillamente no sería posible. Trata de imaginar cómo sería vivir en un mundo sin reglas, donde nada fuera ni bueno ni malo. Allí no habría lugar para conceptos fundamentales de la vida social, como los derechos, la propiedad, la intimidad, o el orden. ¡Sería un caos!

La moral nos permite tener una sociedad organizada, con parámetros de conducta y medios para juzgar las responsabilidades individuales. Gracias a ella es que podemos elogiar las buenas acciones y repudiar las malas. Incluso consideramos que ciertas acciones garantiza la supervivencia y el progreso de la sociedad.

Principales formas de establecer la moral 

Una teoría ética es un razonamiento filosófico que intenta fundamentar la moral, es decir, explicar por qué algo es bueno o malo y justificar por qué cierto estándar moral debe ser válido y legítimo para regir nuestras acciones. Un modelo ético es la forma que toma esa teoría al establecer las normas morales en la sociedad.

Se han desarrollado muchas teorías y modelos éticos, pero vamos a referirnos aquí a tres modelos principales:

A. Totalitarismo

Este modelo tiene lugar cuando una autoridad particular se levanta como suprema sobre la sociedad y dicta las normas de pensamiento y conducta. Lo bueno y lo malo llega a ser lo que esta autoridad, sea una sola persona o un grupo, dice que es bueno o malo. Figuras autoritarias, sobre todo cuando son carismáticas y elocuentes, han sido capaces en la historia de establecer la moral en sus dominios. Este modelo ha venido a llamarse también “dictadura moral”.

B. Convencionalismo

Es el modelo más ampliamente aceptado en el mundo moderno. Es apoyado por muchos filósofos, sociólogos y antropólogos respetados. Enseña fundamentalmente que los criterios y normas morales son establecidas por la conciencia colectiva del grupo social, es decir, implícita o explícitamente la sociedad se pone de acuerdo sobre lo que será considerado como bueno o malo.

C. Relativismo

En este modelo no existen los valores absolutos, sino que cada individuo percibe y estima que algo es bueno o malo de acuerdo a sus propios criterios, experiencias y preferencias personales. El relativismo exalta la individualidad por encima de la comunidad, reclamando que ninguna norma moral es válida para todos. Por implicación, lo que para un individuo es bueno no necesariamente debe serlo para otro, y viceversa.

Naturalmente que en un mundo globalizado entorno a los ideales del humanismo secular, donde las palabras “tolerancia”, “diversidad” y “libertad” son los valores más elevados, resulta cada vez más difícil establecer patrones morales. ¿Qué es bueno? ¿Qué es malo? ¿Quién debería establecerlo? ¿Con qué autoridad?

Una perspectiva bíblica de la moral 

Inevitablemente, cada opinión sobre la moralidad asume alguna autoridad final o estándar, que a fin de cuentas será o la ley del hombre —establecida individual o colectivamente— o la ley de Dios. Mientras que los no creyentes se consideran a sí mismos como la autoridad última para determinar lo que es moralmente correcto o incorrecto, los cristianos reconocemos que solo Dios tiene esa atribución.

La moral, para que sea permanentemente estable, debe ser absoluta. Por ende, solo Dios, que es un ser moral absoluto, puede determinarla. Entendemos que Dios ha hecho esto revelando el estándar moral en Su Palabra, la Biblia. La “moral cristiana” no es una moral particular limitada únicamente a la iglesia, sino que es una moral universal y eterna, que teniendo su origen en el carácter del Creador, compromete a todos los hombres por igual.

La ley moral de Dios, cuyo sumario son los Diez Mandamientos (Éx 20.1-17), fue revelada concretamente a Israel, pero incluso los no judíos llevan escrita esta ley en sus corazones y conocen sus obligaciones a partir del orden natural y la conciencia interna (Rom 1:32; 2:14-15). ¿Quién, entonces, está bajo la autoridad de la ley de Dios? La Biblia contesta: “todo el mundo” (Rom 3:19).

Moral y cultura 

Por otro lado, que la moral tiene mucho que ver con las costumbres, las tradiciones y la “forma de ser” de un pueblo. En este sentido, nuestra cultura puede adoptar diversos pecados como prácticas “normalmente aceptables”, tales como la mentira, el soborno, la impuntualidad, las groserías y expresiones de doble sentido, etc. La ética bíblica nos llama a examinar los valores y hábitos de nuestra cultura y “filtrarlos” según el estándar divino.

El apóstol Pablo escribía a los cristianos en la populosa ciudad de Éfeso, en Asia Menor:
“Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente” (Ef 4.17). 

El apóstol Pedro, por su parte, menciona que la nueva conducta de los cristianos del primer siglo hacía que a sus vecinos incrédulos les pareciera “cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución” (1 P 4.4).

Los desafíos morales de la actualidad no se enfrentan solamente denunciando de vez en cuando los “grandes pecados” y sus consecuencias, sino primeramente renunciando en nuestra vida cotidiana a los pecados “normalmente aceptables” de la cultura. Si la cultura considera que es aceptable “pagar coima” o llegar tarde a los compromisos, para nosotros esto debería ser inmoral.

Una moral del corazón

Sin embargo, aunque la familia, la iglesia y el gobierno civil pueden educar, establecer reglas y ejercer disciplina sobre muchos aspectos de la vida moral en la sociedad, finalmente la rectitud moral no se puede imponer, es un asunto del corazón.
“El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Lc 6.45). 
 El Señor Jesús condenó el moralismo de los líderes religiosos de Su tiempo, precisamente porque el suyo era un moralismo meramente externo, que consistía en dedicarse a los minuciosos detalles observables de su religión y evitar los pecados escandalosos. Practicaban la rectitud moral únicamente “delante de los hombres” y “para ser vistos de ellos” (Mt 6.1).

El Señor los censuró duramente:
 “¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio” (Mt 23.24-26). 
Además de ser objetivo y absoluto, el estándar moral revelado por Dios en Su Palabra es “integral”, envolviendo todos los ámbitos de nuestra personalidad. Antes que la rectitud de nuestras acciones en sí mismas, a Dios le interesa la rectitud de nuestro carácter. El salmista había entendido esto cuando oró:

“Sea mi corazón íntegro en tus estatutos, para que no sea yo avergonzado” (Sal 119.80). 

Una moral prometida 

Pero lo más extraordinario de todo es que el estándar moral de Dios no es solamente ordenado a nosotros, sino también prometido por Él a nosotros. Mediante Jesucristo, Dios mismo da a los pecadores que se acercan a él en arrepentimiento y fe un nuevo corazón, con nuevas motivaciones y afectos, para que abracen con gusto y vivan de acuerdo al estándar moral de Dios:

 “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Ez 36.26-27). 

“Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo” (Jer 31.33). 

El plan de Dios es que el mundo entero reconozca y abrace la moral cristiana, de modo que ésta llegue a ser el estilo de vida “normal” en todas las culturas. Esto es lo que debe ocurrir a medida que somos fieles en cumplir la Gran Comisión y el Espíritu de Dios trae a las personas a los pies de Cristo por el evangelio:

“Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mt 28.18-20). 

¡Involucrate en la transformación moral de tu propio entorno! Abraza la ética bíblica con un corazón renovado por la gracia de Dios, y comparte con todos las promesas de “un nuevo corazón” en Jesucristo.

Fuentes: 

Gerald Nyenhuis & James Eckman. Ética cristiana: Un enfoque bíblico-teológico. Unilit.
R. M. Hare. Ordenando la ética: una clasificación de las teorías éticas. Grupo Planeta.
“Introducción a la Ética Cristiana”, en AllAboutWorldview.org, en línea: bit.ly/etica-cristiana
“Las teorías éticas”, en ACFilosofia.org, en línea: http://bit.ly/teorias-eticas
Greg Bahnsen. What is “Theonomy”? En línea: bit.ly/gb-wit

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