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El grupo pequeño no debe ser una isla

Grupos Pequeños El grupo pequeño, complemento de crecimiento  El trabajo en grupos pequeños...



Grupos Pequeños
El grupo pequeño, complemento de crecimiento 


El trabajo en grupos pequeños siempre será una excelente estrategia de trabajo eclesial y organizativo, siempre dé la posibilidad de ser participativo e inclusivo. Esta clase de trabajo facilita el acercamiento personal y el involucramiento colaborativo que muchas veces no se obtiene en los grupos grandes.

Ahora bien, como todo programa, también tiene sus riesgos, los cuales se deben considerar para que este no se convierta en un problema en lugar de ser una bendición y una oportunidad de crecimiento tanto a nivel individual como organizacional. Se puede crear una sensación de independencia o aislamiento, ya sea generado por el líder o por el grupo mismo, dando la falsa impresión de que no se necesita al resto de la comunidad de fe.

Entonces, veamos algunas ideas para evitar este peligro.

1. Crear y desarrollar el sentido de pertenencia 

Una necesidad que todo ser humano tiene es el sentido de pertenencia, saber que se pertenece a algo, ya sea una familia, un grupo, una sociedad. Por ejemplo, veremos que grupos se unen para hacer lo incorrecto, por eso encontraremos las pandillas, en las cuales el sentido de pertenencia es tal que por eso son tan “eficientes” en lo que hacen.

Se protegen, se aman, se cuidan, se respetan y velan los unos a los otros; también se respeta el orden jerárquico que hay en el grupo. Por increíble que parezca, estos grupos organizados tratan siempre de que la unidad sea uno de los valores que los gobierne.

La idea de pertenencia es algo que La Biblia nos señala en 1 Pedro 2.10:

“Ustedes antes ni siquiera eran pueblo, pero ahora son pueblo de Dios…” (NVI). 

2. Crear y desarrollar fuertes relaciones afectivas 

Otra de nuestras necesidades básicas es el afecto, el sentirse querido o amado. Cuando en un grupo se crean fuertes relaciones afectivas, estas serán como un lazo que unirá a las personas. El amor genuino hará que muchos deseen participar del grupo.

Juan 13.35 nos dice:
 “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros”. 
El amarnos los unos a los otros servirá como testimonio que somos seguidores de Jesús, ya que el amor lo caracterizaba a Él, como lo podemos notar en el versículo anterior (v. 34). Lo que Él hizo por nosotros es algo que nosotros debemos hacer por los demás.

3. Crear y desarrollar el deseo de crecimiento 

Otro deseo inherente del ser humano es el deseo de crecimiento. Cuando las personas sienten que no crecen, que no se desarrollan, buscarán algún otro lugar que les permita crecer a nivel personal, emocional y espiritual. Esto se logra generando la idea de cuerpo, un concepto que encontraremos en Romanos 12.5:
“Así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero todos somos miembros los unos de los otros” (RVA 1999). 
 Todos nos necesitamos los unos a los otros para crecer, y ninguna parte del cuerpo se levanta en contra de la otra.

 Por Oscar Fernández Herrera
Oscar es de Costa Rica y es director del Ministerio Internacional Formador de Formadores, enfocado en la capacitación del liderazgo eclesial y equipos pastorales. Es consultor en temas de familia y consejería, así como en gerencia de proyectos. Tiene una maestría en Teología y otra en Gerencia de Proyectos. Es pastor y docente universitario.
oskrfh@gmail.com

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