Encontrando entusiasmo en la gracia de Dios

Todos buscamos seguridad en la vida. Queremos estar seguros emocionalmente, seguros económica...



Todos buscamos seguridad en la vida. Queremos estar seguros emocionalmente, seguros económicamente, y seguros de poder alcanzar nuestros propósitos y metas. Esa búsqueda de seguridad es tan nuestra como seres humanos, que se empieza a manifestar desde nuestros primeros años de vida.

Sin embargo, el sentido más grande de seguridad que alguien puede experimentar en la vida es de naturaleza espiritual. Nada sino el saberse respaldado por Dios puede proporcionarnos una seguridad verdaderamente firme y duradera. Pero, ¿podemos tener a Dios de nuestro lado? ¿Cómo?

La inquietud de todos
Esta es, sin duda, una inquietud que compartimos todas las personas. Todos cargamos dentro nuestro esta pregunta crucial: ¿Con quién cuento? Y en su forma más trascendental, la pregunta es realmente: ¿Cuento con Dios?

Hay personas que creen que no pueden contar con Dios. Y hay otras que creen que cuentan con Él, y sus razones son diversas. También están los que no están seguros. ¿Y tú qué crees? ¿Está Dios de tu lado? Sin duda alguna, tu respuesta a esta simple pregunta tiene grandes consecuencias sobre tu manera de enfrentarte a la vida.

Cuando el esfuerzo no alcanza
La idea más común que tenemos normalmente es que tenemos que ganarnos el favor de Dios. Esa parece ser la piedra angular de todas las religiones del mundo. Hay que realizar algo que agrade a Dios de tal manera que esté dispuesto a favorecernos, y cuanto más esfuerzo pongamos en cumplir, Dios mirará nuestra dedicación y estará complacido de darnos Su bendición.

¿Pero qué sucede si no hacemos lo suficiente? ¿Qué si nuestras acciones no llenan las expectativas? Nadie se escapa de la sensación amarga de contemplar los defectos que hay en sus mejores esfuerzos. La honestidad nos obliga a desistir de la idea de que nuestras acciones son perfectas y admitir, por el contrario, que al final siempre quedamos cortos.

Un hombre sabio en el Antiguo Testamento reconoció esta realidad cuando escribió:
“No hay una sola persona en la tierra que siempre sea buena y nunca peque” (Eclesiastés 7.20 NTV).
¿Podemos reconocer lo mismo?

 La verdad que hizo a un monje bailar
Hace 500 años un monje alemán lo reconoció, y por poco sucumbió en la desesperación. Como todos los hombres religiosos de su tiempo, Martín Lutero trataba con todas sus fuerzas de agradar a Dios y obtener Su favor. Se sometía a normas estrictas de conducta para evitar cualquier cosa que pudiera ofender a Dios, y cada vez que fallaba y se daba cuenta, se infligía duros castigos a sí mismo.

Exhausto bajo la carga de la culpabilidad y la frustración, una noche descubrió al leer la Biblia la verdad que soltaría las ataduras de su corazón y le daría una nueva visión de la vida. Leyó al apóstol Pablo en la Carta a los Romanos:

“Esa Buena Noticia nos revela cómo Dios nos hace justos ante sus ojos, lo cual se logra del principio al fin por medio de la fe. Como dicen las Escrituras: ‘Es por medio de la fe que el justo tiene vida’” (Romanos 1.17 NTV).
¡Imagínate la sorpresa en los ojos de aquel monje! Todo el tiempo había tratado de conseguir por sus propios e infructuosos esfuerzos personales lo que Dios le ofrecía gratuitamente: ser considerado una persona justa ante Sus ojos. ¡No era a través del esfuerzo propio que uno tiene a Dios de su lado! ¡Era solamente por la fe!


La sencillez de la Buena Noticia
La “buena noticia” que Martín Lutero descubrió a la luz de una vela aquella noche es la “buena noticia” que aún hoy necesita ser descubierta por muchos, incluso por muchos que van a la iglesia todos los domingos: que gracias a que Jesús murió por nuestros pecados en la cruz, Dios ya no está en nuestra contra, sino de nuestro lado, si creemos en Él. Eso es lo que nos hace saber el evangelio.

¿Qué es el evangelio? La palabra “evangelio” aparece tantas veces en el Nuevo Testamento que es claramente la palabra que resume el tema central del Cristianismo. Pero, ¿de qué se trata?

1. El evangelio es noticia en lugar de reglas

La palabra “evangelio" distingue el mensaje cristiano de cualquier religión humana. Un “eu-angelio” —“buena noticia”, en griego— era la noticia de un importante evento histórico que cambiaba la condición de las personas que la escuchaban, como una victoria en la guerra o la coronación de un nuevo rey.

Así, el evangelio es la noticia de lo que Dios ha hecho en la historia a través de Jesucristo para rescatar a la humanidad de sus pecados. No es un listado de reglas que tenemos que cumplir para complacer a Dios. Nosotros no nos ganamos Su favor. Solo lo aceptamos.

2. El evangelio es gracia en lugar de mérito

Evangelio: “Yo soy aceptado por Dios a través de Cristo, por lo tanto, voy a obedecer a Dios”.
Religión: “Yo obedezco a Dios, por lo tanto, soy aceptado por Dios”.

Se puede ver que el evangelio es diferente de cualquier religión en el mundo. En la religión, tú tratas
de complacer a Dios para ganar la salvación. En el evangelio, tú quieres complacer a Dios porque Él te ha dado la salvación como regalo.

El no creer la buena noticia de la gracia nos aparta de Dios. Pero una comprensión superficial de la buena noticia es también la causa del por qué muchos cristianos son espiritualmente débiles, o viven con el miedo, o son arrogantes, porque en sus corazones siguen pensando así: “Yo tengo que complacer a Dios, entonces Dios va a aceptarme”.

3. El evangelio es invertir los valores del mundo

Cristo ganó nuestra salvación a través de perder, obtuvo la autoridad a través de la humildad y el servicio, alcanzó la riqueza a través de entregarlo todo. Y aquellos que reciben Su salvación no son los fuertes y perfectos, sino precisamente aquellos que admiten que son débiles y están perdidos (Mateo 5.3).

Este modelo crea personas diferentes (Mateo 5.14-16), que abrazan valores completamente distintos a los del mundo en relación al poder, el reconocimiento, la posición o la riqueza. Cuando entendemos que Dios puede favorecernos y estar de nuestro lado por pura gracia mediante la fe en Su Hijo Jesús, paramos de buscar la salvación en todas esas cosas.

Cuando tenemos a Dios de nuestro lado
Ahora bien, supongamos que hemos entendido lo que Martín Lutero también entendió, que Dios nos acepta, no debido a nuestro esfuerzo personal, sino por pura gracia, y está de nuestro lado únicamente porque Jesús ocupó nuestro lugar en la cruz. ¿Qué consecuencias debería tener esto en nuestro modo diario de vivir?

Cuando una persona sabe que tiene a Dios de su lado de esta manera, manifiesta en su vida diaria más o menos las siguientes características:
  • Con relación a Dios: Vive un estilo de vida de alabanza y sumisión. Procura agradar a Dios haciendo Su voluntad, no pretendiendo ganar Su amor, sino porque la gratitud lo obliga. Su motivación más grande es glorificar a Dios.
  • Con relación a sí mismo: Es transparente y seguro de sí mismo. Reconoce sus virtudes y no niega sus defectos. No necesita competir con otros para sentirse alguien, ni demostrar nada, porque se sabe aceptado por Dios gratuitamente.
  • Con relación a los demás: Es una persona accesible. Se interesa en el bienestar de sus semejantes y es sensible a sus necesidades. Procura que ellos también lleguen a saber que pueden tener a Dios de su lado gracias a Jesús.
  • Con relación al futuro: Ve el mañana con optimismo y sentido de propósito. Confía en la guía y provisión de Dios. Sabe que la historia —incluyendo la suya propia— pertenece a Dios, de manera que puede encarar desafíos y trazarse metas con fe.
  • Con relación a los problemas: No los busca pero tampoco se desespera cuando llegan. Trata de enfrentarlos con sabiduría, con la esperanza de aprender y crecer. No se atemoriza. Cree en la oración y la práctica, pues sabe que Dios le oye.
Te alentamos a vivir expresando con tu vida esos rasgos que distinguen a quien tiene a Dios de su lado. Y si hasta hoy no habías comprendido la magnitud de esa buena noticia, y te sientes agradecido por lo que Jesús hizo por ti, ¡estamos felices contigo! Acércate a Dios y comienza a disfrutar el hecho de tenerle al Dios de los cielos y la tierra de tu lado.

Fuentes:
  1. T. Keller. ¿Qué es el evangelio? Redeemer.
  2. C. Swindoll. El despertar de la gracia. Caribe.
  3. J. Piper. ¡Más vivo que nunca! Portavoz.
Este artículo se publicó como tema de portada en la edición #117 de octubre 2015 de La Fuente.

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