Espera en Dios

No desesperes, ni te inmovilices  En muchas ocasiones nos apresuramos al tomar decisiones. No le...

No desesperes, ni te inmovilices 

En muchas ocasiones nos apresuramos al tomar decisiones. No le consultamos al Señor acerca de su opinión, ni le pedimos su guía. Es común también que ante una situación de crisis o necesidad, nos desesperemos porque la respuesta de Dios no llega tan rápida como desearíamos. Como hijos de Dios, quien es dueño del universo y está en control de todas las cosas, debemos aprender a confiar en Él, a esperar en sus promesas y a buscar su voluntad en cada área de nuestra vida.
Acerca de la importancia y beneficios de esperar en Dios hablamos en esta entrevista con Víctor Gómez, quien es director de LETRA Paraguay (Latinos en Traducción y Alfabetización). Gómez está casado con Cristina y tiene dos hijas: Rocío y Jazmín. Sirven al Señor en el área de traducciones bíblicas, educación y producción de literatura, en especial entre los indígenas Aché.


¿Qué significa esperar en Dios? 
Esperar en Dios tiene que ver con una búsqueda del propósito y el plan de Dios para nuestras vidas (Lam. 3.25), con un reposo que renovará nuestras fuerzas y nos hará volar como águilas cuando recibamos la seguridad de saber que estamos en el lugar y en el tiempo correctos (Is. 40.30-33). La espera deberá hacerse en silencio, sin echar culpas a mis líderes o a la supuesta inactividad de Dios (Sal. 37.7). Sin embargo, se debe entender el verbo “esperar en Dios” como sinónimo de “buscar a Dios”, es decir, una espera activa, una indagación de lo que Dios quiere para mí. Una búsqueda activa tendrá un plan más intensivo de lectura bíblica y oración, incluso ayunos regulares.
 Por lo general, la espera se entiende como un tiempo de pasividad casi total. Pero Hebreos 6.12-15 nos exhorta a no ser perezosos si es que vamos a recibir las promesas de Dios. Por otro lado, la espera deberá tener actividades a corto y mediano plazo, como por ejemplo trabajar en un proyecto corto, o ir al campo misionero por un par de semanas o un par de meses. Al término de esta búsqueda, Dios podrá hablarte con mayor claridad.

¿Cuál debería ser nuestra actitud al "esperar"? 
La actitud del que espera en Dios se caracteriza por la paciencia y la proactividad, y no tanto por una actitud pasiva que nos inmovilice o nos haga pensar que la espera es tiempo improductivo o un tiempo perdido. Dice Eclesiastés 11.4 “El que al viento mira, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará.” No es posible tener todo servido para comenzar nuestra obediencia al llamado de Dios. Así como el agricultor siembra y cosecha aunque no tenga los vientos ni las lluvias a su favor, así también nosotros debemos movernos, dando un lugar preponderante a la fe en Dios.
La espera es sondear, examinar y evaluar las propuestas que tenemos delante nuestro, y si no hubiere ninguna, deberemos ser proactivos y crear oportunidades, visitar pastores, visitar misioneros u obras misioneras, leer biografías o historias de proyectos similares a los que queremos hacer nosotros. Lamentablemente, para muchos, la espera en Dios les dura toda la vida, o cuando mucho, les dura toda la juventud, hasta los 40 o 50, cuando el físico ya no está dispuesto a viajar tanto o a atravesar todo tipo de situaciones como lo está el del joven.

¿Qué beneficios puede traernos el aprender a esperar en Dios? 
La espera activa de la confirmación de Dios sobre nuestro llamado nos dará más herramientas para tomar la decisión acerca de qué acción tomar, qué negocio hacer o a qué ministerio nos dedicaremos por los siguientes 10 o 20 años o durante toda nuestra vida. El que “espera” en inactividad o sin esforzarse, carecerá de elementos para tomar una decisión, y no tendrá opciones para elegir, ya que no pudo investigar o experimentar.
 Recuerdo unos de mis primeros empleos cuando tenía 18 años. Llegué primero a las siete de la mañana, les caí en gracia a los jefes, y me dieron el empleo apenas hubo terminado la entrevista. Luego llegaron otros que postulaban por el empleo, a las 8, a las 9 e incluso uno a las 10 de la mañana. Quizás los otros jóvenes también podían ser buenos empleados, pero presentarme primero hizo la diferencia.

En su experiencia, ¿ha valido la pena esperar en Dios? ¿Qué ha aprendido de ello? 
En mi propia experiencia, antes de ser traductor bíblico, esperé siendo pastor, profesor de Biblia, teología y exégesis por más de 15 años. Si bien desarrollé esos ministerios, lo considero una espera y una preparación para el ministerio de la traducción, pues “esperando,” el Señor me capacitó en Biblia y exégesis para poder, a partir de mis 40, trabajar desarrollando programas de traducción bíblica en el continente, que estimo será un ministerio al que dedicaré todos los años que el Señor me permita tener fuerzas, lucidez y vida.
Por otro lado, y cambiando el ejemplo y la situación, tuve otra espera para encontrar la mujer de mi vida. Si bien en mi búsqueda conocí algunas señoritas por las cuales oré preguntándole al Señor si una de ellas podría ser, el Señor me dio fortaleza para no tomar decisiones apresuradas ni cometer ninguna locura ni tampoco dejarme llevar por las pasiones de la juventud. Esperé pacientemente hasta los 27 años, y el Señor me regaló una mujer excepcional con quien pudimos formar nuestra familia. Por esto, los beneficios de una espera intencional y activa pueden ser muy grandes, mucho más que los que se pueden conseguir tomando decisiones rápidas, guiados por la emoción o la pasión del momento.

¿Cuáles pueden ser las consecuencias de no querer esperar en Dios? 
Por todo esto, y luego de la experiencia de vida de la que disfrutamos los que rondamos los 50 años, saber esperar e investigar posibilidades trae beneficios mayores. Así como dice la Palabra “examinadlo todo,” para “retener lo bueno” (1 Tes. 5.21). Si en la espera sobreviene la desesperación, se puede caer en el peligro de optar por lo fácil y lo rápido en lugar de aquello para lo cual uno fue diseñado.
La Palabra lo explica bien claro al decir que hay “buenas obras” que son especialmente diseñadas “que Dios preparó de antemano” para cada uno de nosotros (Ef. 2.10). No saber o no querer esperar hará que esas obras queden sin hacer. El caso de Moisés nos puede ayudar a ver esto. Rondando sus 40 años, quiso liberar a su pueblo al ver la forma en que era maltratado. Mató a un hombre y tuvo que huir. Recién a sus 80 pudo ser comisionado por Dios. ¿Qué pasó aquí? ¡Fue una desobediencia que lo hizo demorar 40 años? No puedo responder afirmativamente, pero tengo mis sospechas. Pero este tipo de situación me lleva a preguntar: ¿Puede ser que nuestras demoras y nuestras indecisiones sean también parte fundamental del plan de Dios, para que cuando respondamos a su misión, lo hagamos con pleno convencimiento de que todo lo demás es literalmente basura y estropajo ante la gran aventura de servicio que tenemos por delante? 

Consejos para aprender a esperar en Dios 
Mis consejos para esperar en Dios pueden resumirse en uno: estar atentos y con los ojos abiertos porque las oportunidades de Dios no vienen así como nosotros las esperamos. Un sencillo pero hermoso poema puede ayudar a comprender esto:

Yo pedí 

Yo pedí fuerza… Y Dios me dio dificultades para hacerme fuerte.
Yo pedí sabiduría… Y Dios me dio problemas para solucionar.
Yo pedí prosperidad… Y Dios me dio cerebro y fuerza para trabajar.
Yo pedí coraje… Y Dios me dio peligros para vencer.
Yo pedí amor… Y Dios me dio personas quebrantadas a quien ayudar.
Yo pedí favores… Y Dios me dio oportunidades.
(Tomado de www.corazones.org)

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