Cómo acompañar espiritualmente a los jóvenes en la postmodernidad

El acompañamiento espiritual no se lleva a cabo en un vacío, no lo realizamos en el ambiente est...

El acompañamiento espiritual no se lleva a cabo en un vacío, no lo realizamos en el ambiente esterilizado de un laboratorio donde no existen influencias externas ni elementos que puedan interferir en los resultados.
Antes al contrario, se lleva a cabo en un contexto que interactúa con los jóvenes y con el que ellos mismos interactúan.
Es por eso, que conocer este contexto y los retos que plantea al trabajo con los jóvenes es fundamental para un correcto acompañamiento espiritual.

El acompañamiento tiene lugar en la postmodernidad que ni es buen ni es mala, es simplemente una manera diferente de ver y percibir la realidad y este es el primer punto importante a tener en cuenta. Mi generación y la nueva miramos a la misma realidad pero la percibimos y procesamos de forma diferente.

Podemos usar las mismas palabras y expresiones pero tienen un significado distinto y, lo que es más importante, la realidad la sentimos y experimentamos en formas total y radicalmente diferentes. La postmodernidad tiene características, cada característica plantea un reto y exige de nosotros una respuesta en términos de acompañamiento espiritual. Veámoslos pues.

El relativismo
¿Qué significa?
El relativismo se da en dos campos principales, el del conocimiento y el del comportamiento. En el primero de ellos afirma que no existen verdades absolutas y, en el caso improbable de que existieran, sería totalmente imposible para nosotros el conocerlas y distinguirlas. En el campo del comportamiento afirma que no existe un concepto absoluto del bien y del mal, lo correcto y lo incorrecto. La moralidad es una cuestión de gusto y opción personal. Lo que es bueno para ti puede no ser lo para mí y viceversa. Además, lo que hoy es bueno para mí puede dejar de serlo mañana porque han cambiado mis circunstancias y situaciones. El relativismo afirma que la verdad y el conocimiento son construcciones culturales. Esto quiere decir que una comunidad humana, a fin de poder convivir, se pone de acuerdo acerca de lo que para sus componentes será correcto e incorrecto, verdadero o falso. Es decir, llevan a cabo su propia construcción cultural. Ahora bien, otros grupos humanos que no han participado en la construcción de la misma no se sienten obligados a vivir bajo esa determinada construcción social. Pueden existir, pues, tantas construcciones como grupos sin que sea posible distinguir entre falsedad y verdad, corrección o incorrección.

¿Qué reto plantea?
El concepto de bien y del mal desaparece y, consecuentemente, el concepto de pecado. Los jóvenes ya no se sienten culpable y, consecuentemente, el evangelio y el perdón que Dios otorga ya no son considerados como noticias buenas ni nuevas. Sin concepto de pecado la evangelización tradicional basada en la liberación del sentimiento de culpa desaparece. Hemos de hacer esfuerzos sobrehumanos para hacer que los jóvenes se sientan culpables a fin de liberarles posteriormente del sentimiento de culpa. Por otra parte es muy difícil orientarse en la vida cotidiana cuando no existen verdades ni valores absolutos, nos encontramos ante una generación que como indica el último versículo del libro de Jueces, vive como bien le parece. No es de extrañar que Javier Elzo, el mayor especialista español en juventud, afirme que nos encontramos ante la generación de jóvenes mas desamparada de la historia.

¿Qué respuesta?
Nuestra responsabilidad no es defender el bien y el mal absoluto, lo verdadero y lo falso, especialmente cuando muchas cosas que pretendemos pasar como bíblicas son totalmente culturales. Nuestro reto es acercar los jóvenes a Jesús y permitir que sea el Maestro el que les ayude a distinguir entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo correcto. Es Jesús, a través de su Espíritu, quien convence al mundo de pecado, esa no es nuestra responsabilidad. La nuestra consiste en acompañarlos y despejar todos los obstáculos, especialmente los culturales y religiosos que les puedan impedir acercarse al Maestro.

El pluralismo
¿Qué significa?
La postmodernidad se caracteriza por una variedad, pluralidad o diversidad en todas las facetas de la vida. Pensemos, por ejemplo, en la familia. Cuando hablamos de familia de qué tipo estamos hablando ya que existen muchos tipos diferentes. Las tradiciones, las monoparentales, las parejas gays, las parejas que viven juntos con hijos pero sin estar casados, las mezcladas, es decir, con hijos de matrimonios previos y los nacidos en el nuevo matrimonio o unión, las familias en las que los roles están cambiados ¿Qué es hoy la familia? En términos prácticos significa que los jóvenes tienen a su disposición una multitud de estilos de vida alrededor de los cuales pueden armar su proyecto vital personal. Es cristianismo es únicamente uno más y no es necesariamente percibido ni como el mejor ni el más gratificante ni el que conlleva mayor plenitud de vida.

¿Qué reto plantea?
El cristianismo se convierte en una más entre muchas opciones. La fe pasa abruptamente de una situación de monopolio cultural a otra de libre mercado en la que tienen que competir con otras ideologías y cosmovisiones para ganar, no únicamente la lealtad y fidelidad de los de fuera, sino incluso de los de dentro de la institución eclesial. Es una situación de libre mercado y competitividad para la que no estamos acostumbrados los que siempre hemos operado en un mercado cautivo. El cristianismo se ve pues en franca actitud defensiva ante estilos de vida alternativos y agresivos que se comen su mercado tradicional ¡Bienvenidos a la competencia y al libre mercado de las ideologías!

¿Qué respuesta?
Hay que definir un estilo de vida cristiano del cual carecemos en estos momentos. No existe un proyecto de vida práctico y que pueda integrarse y engranarse en la vida cotidiana. Lo único que tenemos es una negación de otros proyectos, la negación de otros estilos de vida y cosmovisiones. Definimos el proyecto cristiano en negativo, es decir, la negación de otros proyectos, ante nuestra imposibilidad total de afirmar el nuestro en positivo. ¿Cuál es el proyecto de vida cristiano por el cual los jóvenes puedan llegar a vivir e incluso morir? La construcción del Reino de Dios, que en términos prácticos significa colaborar con Jesús en hacer que este mundo y esta humanidad sean lo que Dios pensó y el pecado impidió. Ser agentes de restauración en un mundo roto y fracturado.

La nueva tolerancia
¿Qué significa?
En el pasado la tolerancia significaba que reconocíamos el derecho de las personas a estar equivocadas (conocimiento) o incluso a vivir estilos de vida incorrectos (comportamiento). La tolerancia tradicional distinguía entre la persona y sus creencias y estilo de vida. La nueva tolerancia es sibilinamente diferente. Parte de la base de que todos los seres humanos son iguales, por tanto, todas las construcciones culturales de los seres humanos son igual de válidas. Al no existir verdades ni principios morales absolutos no hay manera humana de distinguir entre unas construcciones y otras aunque estas sean diferentes, contradictorias o incluso incompatibles entre sí. Lo único que podemos hacer es respetarlas todas, valorar todas y suprimir cualquier tipo de crítica o juicio de valor sobre las mismas. La intolerancia se convierte pues en el mayor pecado social y el único ante el que se puede ser abiertamente intolerante. Nadie puede abrogarse el derecho de juzgar otras construcciones culturales, el mero hecho de hacerlo implicaría una superioridad moral que resulta intolerante. Sería asumir que el que juzga posee la verdad lo cual es una expresión de arrogancia intolerante.

¿Qué reto plantea?
La nueva tolerancia convierte al cristianismo en una cosmovisión intolerante, y lo hace por varias razones. En primer lugar, afirmamos tener la verdad absoluta, la Palabra de Dios. Segundo, queremos, por medio de la gran comisión, cambiar el estilo de vida de todo el mundo. Tercero, nos concedemos el derecho de juzgar los estilos de vida de los demás y considerarlos pecaminosos o inmorales. Por otra parte, otro gran problema que plantea es que al poner al mismo nivel todas las cosmovisiones todas quedan devaluadas y, por tanto, se hace mucho más difícil el mantener ningún tipo de compromisos, valores y principios. No hay ninguna razón para mantener un determinado estilo de vida más allá del hecho que me gusta o me siento identificado pero, en el fondo, no es ni mejor ni peor que otro, tan sólo diferente.

¿Qué respuesta?
La tolerancia es fabulosa en el plano teórico y filosófico, es decir, cuando debemos de tratar con ella en el aséptico mundo de las ideas. Como dice el refrán español, el papel todo lo aguanta. Pero cuando bajamos al nivel de la vida cotidiana nos damos cuenta que no es tan fácil ser tolerante y lidiar con cosmovisiones que desde el sentido común nos parecen barbaridades pero, desde el punto de vista ideológico nos vemos obligados a tolerar. ¿Quién puede argumentar que el genocidio nazi fue algo incorrecto? ¿Por qué criticamos la mutilación genital femenina? ¿Quién somos nosotros para afirmar que son prácticas incorrectas? ¿Por qué, desde qué punto de vista? ¿Cuál es la base para afirmar que la pederastia es un delito? ¿Por qué si un adulto tiene relaciones sexuales con un menor de una determinada edad está bien y un mes antes es punible? Tal vez la mejor manera de ayudar a los jóvenes es plantear preguntas y permitir que en su propia mente ellos razonen las contradicciones de la nueva tolerancia.

Una forma diferente de experimentar la verdad
¿Qué significa?
La generación moderna y la postmoderna perciben la verdad de dos forma totalmente diferentes. Dos ciudades, Atenas y Jerusalén identifican estas dos maneras distintas. Para Atenas, es decir, para nosotros los modernos, las verdades tienen vida propia. Existen, por decirlo de alguna manera, en una especie de limbo donde nosotros, por medio de la razón y el intelecto podemos llegar a conocerlas y apropiarnos de las mismas. La verdad es ante todo un concepto, una proposición, la verdad es intelecto. Por eso, yo puedo tener la verdad, es decir, el conocimiento de algo, aunque no lo viva ni lo practique. Para Jerusalén, la verdad no tiene vida propia. Sólo existe cuando se haya encarnada en los individuos y/o las comunidades. La verdad es ante y sobre todo una experiencia, algo que puedo sentir, vivir y experimentar. Tengo que verla encarnada para poderla reconocer, sopesar y aceptar. Nos encontramos con una gran tensión porque para mi generación la verdad es aquello que creo, para la nueva generación es aquello que experimento y vivo.

¿Qué reto plantea?
Grandísimo, sobre todo para las generaciones adultas que tienen la responsabilidad de pasar la verdad a la nueva generación. Si estas generaciones no viven como individuos y comunidades las verdades que afirman tener, carecen de las mismas, a los ojos postmodernos lo único que tienen es un discurso vacío y descarnado que hace imposible que la verdad sea identificada y reconocida. Dicho de otra manera, no tienes la verdad si no la vives. Mejor dicho, es la verdad la que ha de tenerte, poseerte a ti y expresarte por medio tuyo. Por lo tanto, el concepto tan moderno de que la verdad es lo que creo, ortodoxia y no necesariamente lo que vivo, ortopraxis, carece de sentido para un joven postmoderno que te dirá que por medio de tu práctica y estilo de vida le demuestres tu ortodoxia. No es de extrañar que las nuevas generaciones, no sin razón, nos llamen hipócritas por no vivir aquello que afirmamos creer, las doctrinas por las cuales somos capaces de dividir iglesias, denominaciones y la cristiandad entera.

¿Qué respuesta?
Desarrollar estructuras de credibilidad. Los estudiosos de la postmodernidad afirman que las cosmovisiones sólo pueden sobrevivir cuando tienen este tipo de estructuras, es decir, comunidades que viven, practican y encarnan los valores y estilos de vida defendidos por una cosmovisión dada. Dicho de otra manera, ver para creer. Nuestras comunidades han de dejar de rizar el rizo de la ortodoxia y esforzarse por la práctica de las verdades, valores, principios y estilo de vida propuesto por el evangelio. Hemos de encarnar para los jóvenes el evangelio para que al verlo en nuestras vidas lo puedan identificar, y puedan aceptarlo y abrazarlo. Hemos de hacer el evangelio creíble por medio de nuestra coherencia y consistencia, que no perfección, a fin de que viéndolo puedan considerarlo y, eventualmente, con la ayuda de Dios seguirlo.

A modo de conclusión
Tras años y años de trabajar con jóvenes propongo tres grande ejes de actuación con la juventud de nuestras iglesias:
Primero, ayudar a nuestros jóvenes a clarificar la experiencia de conversión. Algunos ya ni están. Otros están ¿pero son? Hemos de ayudar a nuestros jóvenes a entender qué es la conversión, de qué se convierten y a quién se convierten y cuáles son las evidencias de que la conversión se ha dado.
Segundo, enunciar un proyecto de vida cristiano en positivo. Si únicamente tenemos para ofrecer a los jóvenes la negación de las propuestas de otros estilos de vida ¡Bien poco tenemos! ¡Quién se extraña de que dejen la iglesia! Vamos a desafiarlos y, por tanto, a articularlo y desarrollarlo, a que sean agentes de restauración en un mundo roto.
Tercero y último, acompañémoslos en su peregrinaje espiritual. Cada joven tiene su tiempo y proceso. Cada uno es único, diferente y singular. Necesitan que como los discípulos que hacían el viaje a Emaús, alguien baje a su realidad, les acompañe en su camino, les ministre y haga relevante en sus vidas la Palabra de Dios. No necesitan más ideas, estudios o actividades, simplemente gente que les ame y acompañe.


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Felix Ortiz, está casado con Sara, ellos viven en Barcelona y tienen dos hijos, Andreu y Anna. Trabajan como directores de cuidado y desarrollo de los coordinadores con la ONG ÁGAPE EUROPA.

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