Hacia una renovación espiritual permanente

Cuando perdemos la continuidad de un tiempo devocional con Dios mediante la oración y un encuent...

Cuando perdemos la continuidad de un tiempo devocional con Dios mediante la oración y un encuentro con la Biblia, todo se vuelve sumamente difícil y, en la mayoría de los casos, resulta en consecuencias devastadoras para aquellos que participamos del ministerio cristiano. El desafío para todo cristiano es construir un patrón positivo para nuestra renovación espiritual.


Mi experiencia a lo largo del tiempo
El verdadero cristiano vive todo el tiempo en comunión con Dios, constantemente está dependiendo de su presencia, promesas y dirección. De todas maneras, hay que subrayar la necesidad de separar un tiempo para estar a solas con Dios.
Mi experiencia personal me ha enseñando claramente que en aquellos tiempos que cuidé y prioricé el altar de Dios, lo conocí más en la intimidad, a la vez se abrieron puertas y alcancé un desarrollo que enriqueció mi vida, familia y ministerio a los demás. Sin embargo, cuando descuidé el altar de Dios, viví los tiempos más angustiosos y difíciles, los que se podrían haber evitado de haber estado fortalecido en la comunión con el Señor. Aprendí definitivamente la lección y hoy puedo decir que desde hace muchos años este tiempo devocional con el Señor se convirtió en el tesoro más preciado. Mi relación con el Señor es lo más importante en mi vida.


Los dos enemigos de la renovación espiritual
Cuando intentamos reconocer aquello que amenaza un estilo de vida espiritual renovado, encontraremos que la apatía espiritual y el activismo son los dos extremos que minan la solidez de nuestra intimidad con Cristo. Para algunas personas, la pérdida de motivación y el desinterés por la Biblia, son las causas que los alejan de la disciplina espiritual. Para la mayoría de los pastores, hombres y mujeres dedicados al ministerio cristiano, por lo general nuestro enemigo número uno es el activismo. La suma de compromisos, actividades y agenda sobrecargada, terminan por robarnos la comunión diaria con Dios.

La disciplina espiritual
Necesitamos avanzar con paso sostenido y finalizar bien nuestro ministerio.
“…Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire…” (I Corintios 9:26, ver 24-27). Leer también Proverbios 4:20-27 y Salmo 119:9-16.
Los textos mencionados nos muestran la necesidad de poner atención a la condición de nuestro corazón; de asegurar nuestra pureza y devoción a Cristo, y de amar a Dios y a las personas.

“La superficialidad es la maldición de nuestra era. La doctrina de la satisfacción inmediata es el principal problema espiritual. Lo que hoy se necesita desesperadamente no es un número mayor de personas inteligentes, ni personas de talento, sino personas de vida espiritual profunda”(1)

En primer lugar, necesitamos imperiosamente ser conscientes de que el tiempo diario de oración acompañado de lectura y meditación de la Biblia, es absolutamente necesario para disfrutar de una saludable relación con Dios, lo cual resultará en bienestar con nuestra familia y eficacia en el desarrollo de nuestro servicio.

En segundo lugar, necesitamos establecer claramente un estilo de vida mediante una práctica definida de la disciplina espiritual todos los días. A la vez, deberíamos fortalecer aun más nuestra vida interior, apartando periódicamente tiempos más prolongados, algo así como retiros personales de búsqueda de profundidad espiritual, especialmente cuando reconocemos que por causa de realizar viajes o por estar desbordados por determinados imprevistos, se altera nuestro ritmo habitual de vida.

Seguiremos ampliando este asunto tan importante y vital para nuestro desarrollo personal, que redundará en armonía familiar y traerá fruto en nuestro ministerio.

Fuente: (1) Richard J. Foster, Alabanza a la disciplina, Editorial Caribe, Nashville, TN, 1986, p. 15


Acerca del autor
Nicolás Marulla (nmarulla@hotmail.com) está casado con Sonnia Elizabeth Vega, y tienen dos hijos: Leandro y Hernán. Obtuvo su licenciatura en teología en el Seminario Internacional Teológico Bautista de Buenos Aires y ha finalizado su doctorado en ministerio en la Facultad Teológica Sudamericana de Londrina, Brasil.

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