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Permitamos que los niños sean niños

“y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino ...

“y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.” Mateo 18:3

En medio de una sociedad en decadencia moral, la Iglesia debe dar espacio a que los niños puedan ser niños, y cumplir una tarea profética que defienda y promueva los derechos de la niñez. Desde el púlpito y en la comunidad eclesial se puede crear conciencia en los padres de que adelantar las etapas del desarrollo del niño o niña, puede provocar traumas que propician la confusión de su identidad y una erotización precoz que conduce a un inicio sexual prematuro, con sus terribles consecuencias.


Una amiga me comentaba que estaba en una tienda lista para comprar ropa interior para su nietita de escasos 5 años. Ella esperaba que la vendedora le mostrara la típica ropa interior que normalmente se compra para las niñas: “Estampes de muñequitos y florecitas”. Pero en su lugar la dependiente le mostró unas diminutas prendas que parecía más para ¡una modelo de pasarela!
Actualmente las vitrinas o escaparates de tiendas para las niñas exhiben ropas con frases insinuantes, jeans a la cadera, minifaldas, zapatitos de tacón, blusas cortas y un sinnúmero de prendas, que difícilmente consideraríamos convenientes para una niña.
Lo cierto es que nuestra niñez está siendo arrastrada a saltarse de forma acelerada las diferentes etapas del desarrollo. Esta erotización a través de los juguetes, vestuario, publicidad, es una influencia insidiosa porque se ha ido insertando en las vidas de ellas de manera casi imperceptible. A las niñas se les insta a “disfrazarse” de pequeñas mujeres para que actúen de manera muy sensual, y eso es motivo de orgullo para muchos. Cuando lo que vemos es el reforzamiento de antivalores de la sociedad y la promoción de una cultura patriarcal.
Antes en los concursos los niños y las niñas cantaban, bailaban o recitaban en contextos muy adecuados para su edad, y se les premiaba precisamente por expresarse como niñas. Hoy los tiempos han cambiado. Los certámenes de belleza para niñas tienen otra connotación. Ellas bailan y desfilan imitando a las adultas. Pero “este tipo de concurso desvirtúa la verdadera belleza infantil”, según declara la psicóloga Laura Ávila, para Eco Católico (2008).

La Asociación Americana de Psicología (APA), difundió un informe en el que explica cómo la sociedad está bombardeando a los niños y a las niñas con mensajes que tienden a erotizarlos precozmente, especialmente a las niñas.
Según este informe, las inquietudes de las y los jóvenes de hoy, giran alrededor del aspecto físico, que se convierte en soporte de la autoestima y la superación personal y así descuidan el desarrollo de habilidades intelectuales, deportivas y artísticas. En definitiva, las prácticas sexualizadoras mantienen a las mujeres como objetos de atractivo sexual y de decoración, lo que condiciona la libertad de su pensamiento y accionar en la sociedad.
La falta de vivir cada proceso natural, según las etapas del desarrollo, causa que ellas terminen atravesando traumas que desembocan en la confusión de su identidad y, no tengan la oportunidad de expresarse como niñas que merecen ser. Es también preocupante observar que una erotización precoz conduce a una genitalidad temprana y a un inicio sexual prematuro.
Lamentablemente, los mensajes que contribuyen a esta precocidad en la niñez no vienen solo de los medios o del mercado, sino también de los mismos progenitores quienes, a veces sin notarlo, insisten en que mantener una apariencia física atractiva es una meta esencial para las niñas. También los padres y madres participan como inducidores por diferentes razones, tales como la oportunidad para que sus hijas sean signo de atención y admiración ante los demás, la ocasión de vivir lo que los mayores no pudieron vivir o realizar siendo jóvenes o en su niñez y en su defecto, un ingreso económico adicional.
Cualesquiera que sean las circunstancias, aquí encontramos un claro atropello de los derechos de la niñez y adolescencia sobre lo que es su dignidad y el concepto correcto de la sexualidad.
Además, al adelantarse a las fases que por naturaleza deben vivir las niñas, es restárseles energías psicológicas a las grandes tareas que deben enfrentar desde su niñez tales como: jugar, desarrollar habilidades sociales, dominar el entorno, para un sano desarrollo integral. Pero si se les condiciona a otro escenario donde deben ser “pequeñas adultas”, no cuentan con todos los recursos cognoscitivos y emocionales para manejarlos en su preciso orden y. sin duda alguna, como resultado cuando crezcan serán “adultas erráticas e inestables, incapaces de manifestar una verdadera madurez”, según declara la psicóloga Sonia Barrientos, funcionaria del programa Casa Viva, en San José, Costa Rica.
También los ideales tan sesgados de esta época, van formando expectativas irreales de la sexualidad en las niñas y adolescentes; lo que redunda luego en una vida íntima poco sana. Por consecuencia, las menores crecen formándose ideas erradas de lo que es y debería ser la sensualidad y sexualidad.
No es un secreto que muchas íconos de Hollywood, tales como actrices y cantantes adultas actuales y quienes iniciaron sus “carreras artísticas” desde niñas, han vivido situaciones de abuso, drogas, alcoholismo y excesos en muchas dimensiones, precisamente porque les demandaron comportarse como adultas en un mundo de adultos, siendo tan solo niñas.
Detrás de toda esta mascarada, evidentemente sobresale la decadencia de una sociedad que se aleja cada vez más de sólidos principios morales y espirituales, mientras se ensancha rindiendo culto a la apariencia, al erotismo y al hedonismo, e intenta atrapar cada vez más a las menores de edad. Por supuesto, los mayores beneficiarios siguen siendo las redes comerciales que han encontrado ¡una mina de oro por explotar en nuestra niñez!

¿Cuál es y debería ser la respuesta desde un enfoque bíblico teológico?
Dios creó a cada niño y niña, con el propósito de que pudiese disfrutar y atravesar cada etapa de su crecimiento de una forma integral. Entonces nuestro rol debería ser cumplir una “tarea profética que defienda y promueva los derechos de las niñas y los niños; en América Latina y el Caribe, esta es una labor impostergable” (Las Niñas y los Niños en los Propósitos de Dios p. 8).
Esto implica facilitar los espacios para que estos procesos se cumplan a cabalidad en sus vidas. Además, la buena educación y prevención inicia en nuestro hogar y se debería extender a lo largo de nuestros ministerios, al proveer conciencia a los padres y madres de los factores de riesgo que corren nuestras hijas si no les damos el lugar que merecen.
La misión integral de la Iglesia es buscar la protección de ellas, por lo que no podemos permitir que sean objeto de consumo para una industria que se beneficia a costas de su inocencia y la ignorancia o actitud egoísta de los progenitores.
La niñez merece ser dignificada y vivir en condiciones que le garanticen su desarrollo y estabilidad plenos. He aquí la importancia de nuestras comunidades de fe al proveer consejo y las herramientas adecuadas a las comunidades para contrarrestar los efectos de estas corrientes, imágenes y modelos, que no necesariamente responden a los valores presentes del Reino de Dios y tampoco reafirman el rol de nuestras niñas dentro de las comunidades.
Dios nos demanda hoy más que nunca que trabajemos con la niñez ante estas corrientes empecinadas en arrancarles precisamente todos aquellos factores que contribuyen a la pérdida temprana de su inocencia y los tiende a alejarse de los paradigmas del Reino que Jesús nos muestra (Mateo 18:3).
Como vemos, tenemos una gran tarea al prevenir la pérdida temprana de la niñez, Así que ¡dejemos a las niñas vivir su niñez!

Nota del autor: Esta reflexión hace hincapié especial en las niñas, pues es en ellas que se ve más reflejada esta realidad, no obstante, aplica también al género masculino. Se agradece la colaboración del psicólogo social, Luis Castro Ampuero, coordinador de Red Viva, de Chile.


Bibliografía:
Movimiento Cristiano Juntos por la Niñez, Las Niñas y los Niños en los Propósitos de Dios, página 3, 2004.
Laura Ávila, Boletín Electrónico, Sensual a los 4 años. Eco Católico. Domingo 23 marzo 2008.

Acerca del autor:
Alexander Cabezas Mora. (acabezas@redviva.org) Es teólogo, miembro de la FTL Continental, consultor para Viva Juntos por la Niñez para América Latina y para el Seminario Esepa en San José Costa Rica.

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