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El lugar del dinero en la Iglesia y los ministerios cristianos

Las finanzas atañen al uso del dinero, y el manejo financiero tiene base bíblica desde los libros ...

Las finanzas atañen al uso del dinero, y el manejo financiero tiene base bíblica desde los libros iniciales del AT, desde la prominencia del hombre al ser creado a la dependencia de los recursos en un escenario de escasez, posterior a la caída del hombre. Paralelamente a los milagros de provisiones se tiene una gran variedad de pasajes que alientan al uso productivo de los recursos, enfatizando siempre que Dios es el dueño de toda riqueza y que es “sobreabundante” en sus provisiones. Las finanzas de nuestro Dios no tienen límites, pero la ignorancia o el analfabetismo en materia financiera ha sido y es causal de que el pueblo cristiano no supere su estado de escasez y hasta tenga un mal desempeño financiero. Un ABC financiero básico para las iglesias debe partir de la comprensión de los temas financieros y de cambios de conductas tradicionales.

Las iglesias y los ministerios cristianos se sitúan dentro de la categoría de entidades “sin fines de lucro”, con características propias en materia de tributos y en su misión social empresarial en el mundo real. Ahora bien, el hecho de que no persigan lucro, no significa que las mismas deban presentar estados de pérdidas continuas; sino más bien cumplir lo que se describe en la parábola de los talentos (Mateo 25:14-30) de producir y generar más fondos. En especial no caer en la pereza de no ganar nada. “Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros y, al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses” (Mateo 25:27 RVR 95). Es más, las iglesias latinas deben prepararse a ser “dadoras y generadoras propias de riqueza”, ya que varios donantes y organizaciones cortaron o redujeron sus ayudas financieras; implicando esto un cambio del rol tradicional de ser receptoras pasivas. En este artículo esbozaremos una visión dinámica del rol de las finanzas en este tipo de entidades, y punto de partida de ello es entender bien el concepto del dinero y de la riqueza para luego formular los pilares de una robusta finanza en las iglesias y ministerios cristianos.

1. Las funciones del dinero
El dinero es un “bien indirecto necesario para el intercambio y como medida de valor o riqueza”. La concepción real del dinero descansa en esta función dual. En el mundo real o en el bíblico: es un bien al servicio del hombre para ayudarle a su bienestar. En ninguna parte de la Biblia se critica al dinero. “Porque el amor al dinero es la raíz de todos los males; el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y se traspasaron con muchos dolores” (1 Timoteo 6:10, RVG2010). Se destaca que lo nocivo es la codicia que conlleva a la esclavitud monetaria. La iglesia y los ministerios cristianos deben saber que para intercambiar (comprar, vender, pagar, etc.) y para ahorrar necesitan del dinero, y para ello deben encuadrar su organización a un uso productivo de lo monetario.

La clave: VIDA CRISTOCÉNTRICA
“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33, RVG 2010)

2. Entender el concepto de riqueza financiera
Sinónimos de riqueza son: fortuna, tesoro, capital, caudal; de aquí que es asociada a “abundancia”, mientras que lo estrecho o limitado es para la “escasez”. La riqueza financiera es un parámetro que mide el nivel de prosperidad y la situación socioeconómica de una persona o una entidad. La iglesia y los ministerios no están exentos de lo que dice Deuteronomio 8:18, “Antes acuérdate de Jehová tu Dios; porque Él te da el poder para hacer las riquezas (RVG 2010). Por ende, regla básica es concebir claramente y enfocar su misión de que son generadores de riqueza financiera a la par de la misión espiritual encomendada. Tradicionalmente, las organizaciones cristianas han sido tomadoras de donaciones y de fondos. Ser generador es un estadio más avanzado y requiere de creatividad, de paciencia y de talentos.

3. Buen uso de herramientas de gestión financiera
Para que los dos conceptos descritos sean manejados correctamente deben ser acompañados por un sólido conocimiento de las herramientas de gestión financiera: desde la implementación de planes y presupuestos financieros hasta la indicación de responsabilidades.
a. Un plan y/o presupuesto financiero debe ser el documento básico para la toma de decisiones financieras. Si bien este punto requiere de todo un desarrollo exhaustivo, lo importante señalar es que la misión y las tareas a realizar se deben plasmar en cifras numéricas. El plan debe incluir estimaciones de los recursos futuros, de los gastos y de las necesidades de capital. Debe ser una proyección válida de las actividades futuras. Un plan financiero exitoso es aquel que pudo ser implementado debido a sus objetivos medibles y flexibles.
b. Órganos de Gobierno y Estructura Corporativa: Definir la estructura corporativa es uno de los principales retos, ya que implica individualizar responsabilidades entre los tres principales actores en el manejo financiero: el comité o encargado financiero, el pastor y la membresía; asegurando que se establezcan los objetivos de la organización, y los medios para alcanzarlos. Estos responsables deberían mejorar los mecanismos actuales para asegurar una generación de ingresos suficiente para el cumplimiento de la Gran Comisión.
i. El rol del Comité o Encargado Financiero: Las funciones del comité financiero (llámese tesorero, cajero, administrador, etc.) están delimitadas generalmente en los estatutos de creación. No importa la cantidad de funciones que pueda enumerarse legalmente, financieramente estas deben abarcar dos tipos de decisiones financieras: financiación y las directivas. Las decisiones de financiación se aboca a la obtención de fondos o recursos, mientras que las decisiones directivas conciernen a las medidas operativas y financieras del día a día como, por ejemplo: el salario pastoral, pagos de servicios básicos, gastos fijos y gastos variables que hacen al funcionamiento propio de la organización. Por otro lado, el manejo financiero no solo debe centrarse en los ingresos y egresos, sino también velar por los activos. Un activo es algo que es de propiedad y por ende, velar porque este activo crezca es uno de los roles de los encargados de las finanzas.
ii. El rol del pastor: Es errónea la creencia de que el pastor o líder espiritual debe ser apartado de los asuntos financieros. Todo lo contrario, ya que como líder espiritual debe estar informado y ser un participe activo. No solo se debe acudir al pastor para orar por la escasez o la falta de fondos. Lo que se debe evitar es que el pastor sea cargado con la responsabilidad financiera poniendo en peligro o delegando su responsabilidad primaria.
iii. Conducta apropiada como “dador alegre”
La iglesia no debe ser un lugar especial de rescate financiero, donde los miembros solo van para recibir. La madurez espiritual debe ser acompañada por un estado “dador”. Toda estrategia debe basarse en 2 Corintios 9:7 “Dios ama al dador alegre” (RVG 2010). Si la misma organización tiene que cambiar su conducta dadora, más aun su Cuerpo: los miembros.

Una ley sin falla. La ley de la cosecha.
“Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra abundantemente, abundantemente también segará” (2 Corintios 9:6, RVG 2010)

4. Pilares de una finanza robusta en las iglesias
Para que las finanzas en las iglesias y ministerios cristianos sean robustas y sostenibles deben basarse en estrategias de generación de riqueza integral. Este tipo de estrategia requiere de un nuevo modelo de gerencia financiera pro-crecimiento. Para ello, se proponen 3 pilares para una estrategia financiera con énfasis en la planificación y la inversión, el rol proactivo del Comité o encargado de las finanzas y la transparencia en el informe oportuno de las actividades financieras. El primer pilar es basarse en un plan financiero que acompañe la visión y misión organizacional. El segundo pilar es formar o fortalecer al Comité o encargado financiero con una proactiva labor en sus decisiones operativas y directivas. Tercer pilar crucial es la transparencia en el informe de los datos y su comunicación oportuna. Las iglesias y los ministerios cristianos deben contar con políticas comunicacionales donde se muestra a sus aportantes cuan responsables han sido en el uso productivo de los fondos y cómo han pasado a ser generadores de riqueza espiritual y financiera. La rendición de cuentas es un factor motivador para que el pueblo sea un dador creciente.

Conclusión
Las entidades que trabajan en la parte espiritual no están exentas del uso del dinero y de ser generadores de riqueza. Se debe entender que como cualquier organización, la Iglesia necesita del dinero y de otros recursos para cumplir su misión. De allí que, internamente los miembros deben traspasar el umbral de ser meros receptores a un estado de “dadores”, para luego crear un círculo virtuoso de crecimiento para la misma organización. Las añadiduras y las promesas estipuladas se cumplen siempre que tenga un enfoque cristocéntrico. Y no importa el tamaño de la organización, hay una premisa bíblica clara: “Sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré (Mateo 25:23 RVG2010). Contar con unas finanzas planificadas y responsables activos genera beneficios internos y externos para la organización y asegura un crecimiento sostenible, meta anhelada para el cumplimiento de la Gran Comisión.

Acerca del autor
Zulma Espínola. Economista. Correo: zeg2706@gmail.com. Sitio web: www.financyber.org

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