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La misión de la Iglesia en una cultura no cristiana

El mundo del cristiano evangélico cómodo y feliz está cambiando drásticamente. La era posmoderna tra...

El mundo del cristiano evangélico cómodo y feliz está cambiando drásticamente. La era posmoderna trajo consigo la era poscristiana. Hoy, ser cristiano no significa ser ordenado y amable, sino es sinónimo de ser intolerante y fundamentalista. El tiempo en que Dios fuera mencionado con orgullo en charlas y discursos públicos, ha pasado. Dios no es más el favorito, al contrario, es el gran ausente en esta nueva sociedad que está surgiendo. La característica más clara es que grupos políticos y sociales se distancian de los valores cristianos
que tienen el objetivo de lograr una sociedad de respeto y paz. Nuestra sociedad se distancia lentamente de los valores bíblicos y, sin darnos cuenta, estamos viviendo en medio de una cultura no cristiana.

Conversamos con el pastor Santiago Maldonado acerca de este tema. Él es presidente de la Asociación de Iglesias de las Comunidades Cristianas en Paraguay y también es el presidente la Asociación de Pastores Evangélicos del Paraguay (APEP). Esta asociación representa a 1.800 pastores de diferentes iglesias cristianas evangélicas del Paraguay, con 57 filiales en todo el país.


¿Cuál es la misión de la Iglesia en una cultura no cristiana?

Tenemos un desafío tremendo por delante: brillar en la oscuridad. Nuestro mundo, más que nunca, está viviendo tiempos difíciles donde hemos puesto a un lado a Dios. Ya no es el favorito, es una opción más dentro del universo y dentro del menú de cosas que nos propone el secularismo, el socialismo y todos los “expertos” que hoy llenan nuestro mundo. Entonces, ante esas densas tinieblas, yo creo que, más que nunca, la Iglesia debe brillar; porque la luz se nota con más fuerza, con más nitidez cuanto más oscuridad haya. Es un desafío grande y al mismo tiempo una oportunidad tremenda que tenemos de brillar como Iglesia de Jesucristo.

Pensando en nuestras iglesias paraguayas y también latinoamericanas, ¿cuáles son las bases para sembrar y mantener una cultura cristiana saludable dentro de la Iglesia?

El Señor Jesús, más que nunca, fue claro en su mandato antes de ascender a los cielos, de ir por todo el mundo. Lamentablemente, parecería que la comodidad, los vientos a favor, hacen que nos enclaustremos en nuestras cuatro paredes, en nuestras respectivas iglesias y no veamos el mundo que nos rodea. Hoy por hoy ya nos enfrentamos a situaciones extremas. Estamos llenos de alimañas, llenos de densa oscuridad. Los principios y valores cristianos que regían el mundo occidental y la cultura de Occidente prácticamente están siendo borrados. Hay una mano negra detrás de todos estos organismos mundiales, que se propone sacar, borrar de la cultura todo rastro de cristianismo. Lamentable es eso, pero es para el cumplimiento de las profecías y para que también la Iglesia se vaya afinando, se vaya puliendo, se vaya probando y se vayan quedando. Dice la Palabra: “El que perseverare hasta el fin, ese será salvo”. El protagonismo que tenemos ahora es mucho más grande. El abanico se abrió, y necesitamos cultivar nueva metodología, nuevas estrategias. No podemos, con nuestros viejos paradigmas o con nuestras viejas estrategias, salir a un mundo cambiante, donde las necesidades son otras. Ya no tiene que ver con el pecado, aunque la base misma, la raíz sabemos que es el pecado, pero tiene otras connotaciones que afectan el alma, la mente. Vemos una juventud que está totalmente alcoholizada, drogada. En nuestro mundo de hace 20 años atrás eso no existía, o si existían, existían muy por debajo de las aguas, pero hoy está abiertamente, el satanismo, la hechicería, el curanderismo, etc. Los evangélicos tenemos que empezar a pedirle al Señor nuevas estrategias para nuestras luchas y para nuestro avance ante ese tipo de luchas, o si no, tenemos que cerrar las puertas de nuestras iglesias.

Y hablando en palabras sencillas, ¿qué puede hacer la Iglesia como contracultura para reflejar hacia afuera una cultura de amor, aceptación y perdón hacia las personas que viven en un contexto totalmente no cristiano?

Por el ejemplo de Jesús, a él también le tocó vivir una contracultura. Yo creo que a Jesús se le identificó con los pecadores. Los fariseos le acusaron de borracho y comilón. Él siempre tenía una invitación para ir a la casa de uno de los pecadores, pero dice la Biblia que él no pecó, o sea, que él se metía con los pecadores para llevar su mensaje, pero un mensaje que influía positivamente, fuera donde fuera. El problema nuestro, me temo, es que muchas veces nos aggiornamos un poquito. Nos hemos achanchado a la modernidad, al secularismo, a la mundanalidad, y ya no somos radicales con algunos principios y valores con los cuales tenemos que ser radicales. Entonces, muchas veces, al irnos a enfrentar situaciones extremas o situaciones también muy difíciles, en vez de que ellos se conviertan a nosotros, nosotros nos vamos convirtiendo a ellos. Tenemos la Palabra que dice: “Que ellos se conviertan a ti, no que tú te conviertas a ellos”. Y ese es el gran desafío también de la Iglesia, hombres y mujeres jóvenes, pero con principios y valores enraizados en la Palabra, profundamente comprometidos con los valores y principios cristianos, que no vendan su conciencia, que no vendan su fe, que no cambien por nada.

Y se nota esta realidad en las iglesias, y allí responden los líderes con cierta dificultad. Algunas iglesias y pastores se vuelven legalistas para proteger a sus miembros de la mundanalidad. ¿Cómo se puede llegar ahí a un equilibrio sano?

Yo quiero decirles a los colegas pastores que, como dijiste, se vuelven casi legalistas, que eso es un craso error. El legalismo es parte de la religiosidad. Nuestra vida cristiana no consiste en una religión. La religión es todo esfuerzo humano por alcanzar a Dios, y sabemos que todas las religiones han fracasado. Recurrir al legalismo para tratar de que no se nos escapen las ovejas, es un craso error. Eso crea rebeldía, especialmente en los jóvenes.
Tenemos que buscar a Dios para que nuestro cristianismo y nuestra vida eclesiástica sea una vida totalmente sencilla, pero una vida vivida plenitud, con una alegría desbordante y contagiante, quitando de nosotros todo vestigio de hipocresía. Jesús llamaba a eso “la levadura de los fariseos”, a toda religiosidad, porque la religión mata. Realmente tenemos que entender, y nosotros muchas veces criticamos mucho a los católicos, a las otras religiones, pero sin darnos cuenta de que nosotros los evangélicos somos mucho más religiosos que cualquiera. Tenemos que vivir un evangelio auténtico, sencillo, sin complicaciones, vivir a Cristo, proclamar a Cristo.
Me encanta la sencillez de Jesús, cómo se enfrentaba a los fariseos, cómo se enfrentaban a los religiosos de su época, porque le perseguían. Cómo se enfrentaba a los pecadores, como amaba a los pecadores. Tenemos que aprender de él, a amar a los pecadores, y ante el amor todos caen.
Debemos despojarnos de toda religiosidad y vivir nuestro cristianismo auténticamente, sin doblez, sin tapujos, sin remordimientos, sin vergüenzas, y reflejar a Cristo, vivirle a Cristo, porque eso es lo que él quiere.
Necesitamos cambiar de formas de iglesias. En vez de ser iglesias “círculo”, que siempre estamos en lo mismo, convertirnos en iglesias “vid”. Jesús se comparó con la vid verdadera: “Yo soy la vid verdadera”. Y la vid va a delante, tiene fruto, crece; cuando uno le pone enramadas empieza a crecer, empieza a ir, porque tiene vida propia. Jesús decía: “Si ustedes están unidos a mí, que soy la vid verdadera van a tener fruto, y van a tener fruto abundante y vida abundante”, y eso es lo que necesitamos urgentemente, buscar al Señor.
Pido encarecidamente a los colegas que corten todo tipo de religiosidad, todo tipo de legalismo, porque eso hace daño a la gente, y especialmente a los jóvenes. Tenemos un compromiso muy grande en el país con los jóvenes. Casi 73% de nuestra población paraguaya es joven, es menor de 30 años, y nuestro compromiso es con ellos. Tenemos que legarles un cristianismo auténtico, sin doblez, sin máscaras; un cristianismo sin hipocresías, un cristianismo vivido a plenitud. Se puede eso con la vida de Cristo en nuestras iglesias y en nuestros corazones.

La primera Iglesia creció en un contexto romano que no era cristiano, y además en un sistema legalista judío y tenían sus conflictos también con ellos. En todo eso, la iglesia primitiva creció. ¿Cuáles eran las costumbres o conductas que cultivaba la Iglesia, que hoy nuevamente deberíamos enfatizar?

Sí, la iglesia primitiva creció en un contexto muy hostil, el Imperio romano que avasalló al mundo conocido de la época, eran uno de los imperios más sanguinarios, más crueles de la época, pero el cristianismo avanzó. Parecería que la semilla de los mártires, como todos saben, es la fuerza que impulsa el crecimiento del cristianismo. Los primeros cristianos, como dice Hechos de los Apóstoles, capítulo 2: “Estaban juntos cada día en las casas, continuaban siendo fieles en las oraciones, practicaban la hospitalidad, la comunión unos con otros, comían juntos, con alegría y sencillez de corazón”. El modernismo, o la vida que llevamos, muy rápida, sin descanso, una carrera desenfrenada, conspira muchísimo con nuestro cristianismo, con nuestro vivir cotidiano de la vida cristiana. Los primeros cristianos vivían de la forma como hemos mencionado anteriormente. No había entre ellos ningún necesitado, una vida súper sencilla, una vida de darse el uno al otro. En nuestro tiempo, si queremos volver a eso, en primer lugar, tenemos que hacer un alto en esa vida desenfrenada. Muchos tienen que correr de un trabajo a otro, tenemos que correr de aquí para allá, porque sino no llegamos a fin de mes.
El sistema que nos impuso este mundo nos lleva a vivir una vida que conspira justamente con esta vida sencilla de los primeros cristianos. Pero si nos volvemos a la vida de sencillez, la vida cristiana es para vivir en familia, no es para vivir en solitario. Este mundo está hecho para vivir en solitario. Es una utopía, parecería ilógico y absurdo, vivimos en un mundo de más de 6 mil millones de personas, y más que nunca vivimos en una era de la informática. Presioná un botón y sabemos lo que pasa al otro lado del mundo, en el instante. Pero parece mentira, más que nunca, todos los seres humanos estamos desconectados, y si estamos conectados, estamos conectados en forma virtual, que es impersonal, a través del celular, Internet. El cristianismo es para vivirlo, para tocarlo, experimentarlo, para sentir al hermano, sus emociones, su amor. Yo no puedo traspasarte mi amor en forma virtual por el celular, ni el Internet. Yo tengo que estar contigo, tengo que tomar un tereré contigo, compartir un café con leche, una pizza, charlar, escucharte, saber cuál es el clamor de tu corazón, reír, llorar juntos. Urgentemente tenemos que volver a eso, porque fue lo que dinamizó, y era la fortaleza de la iglesia primitiva, según lo que leemos en Hechos de los Apóstoles.

Ahora un tema un poco más difícil, y que quizás tiene que ver con nuestro mundo posmoderno, al igual que poscristiano y es la vida de los valores bíblicos. Hoy día no es tan fácil proclamar los valores cristianos, pro-familia o pro-vida, porque tenemos una sociedad pluralista donde todo vale. Y la gran pregunta es: ¿Debe la iglesia defender públicamente sus creencias y quizás buscar una sociedad más cristiana, pelear por una sociedad de valores cristianos, o es mejor callarse, aislarse y vivir en nuestro círculo cristiano nada más, nuestro cristianismo, nuestra fe, nuestros valores para no crear problemas grandes?

En la medida de nuestras posibilidades, como ya lo hemos estado haciendo hasta hoy, la iglesia cristiana evangélica, y en algunos casos, con la iglesia católica nos hemos unido para presentar un frente unido ante los principios y valores que están siendo socavados sistemáticamente por las nuevas generaciones y nuevos vientos que quieren soplar y están soplando en nuestra Latinoamérica. Especialmente todas aquellas leyes, normas y reglas que quieren destruir la vida y la familia, por ejemplo: el aborto, la ley del matrimonio entre homosexuales, la eutanasia, todas esas cosas que ya la tenemos a la vuelta de la esquina y que vamos a tener que ir peleando palmo a palmo, que es para cumplimiento de las profecías. Jesús lo advirtió, que este mundo iba a ser como Sodoma y Gomorra. A la larga, esas leyes van a venir, pero en la medida de nuestras posibilidades tenemos que proclamar al mundo, porque tenemos que comprender que como Iglesia somos la voz de Dios para esta generación. Y así como dice de David, que él fue fiel a toda su generación, nosotros tenemos que ser fieles a nuestra generación. Nosotros tenemos que pasar la antorcha de la defensa de la fe, en la medida de nuestras posibilidades, y alertar como lo hemos estado haciendo a los congresistas del Congreso Nacional, de que la aprobación de este tipo de leyes va a traer consecuencias nefastas, no solamente para esta generación sino que los que van a sufrir son nuestros hijos, nuestros nietos. Vamos a legarles a ellos una sociedad totalmente corrompida, sin valores, sin principios y una sociedad totalmente destrozada. Entonces, en la medida de nuestras posibilidades, tenemos que oponernos y proclamar, y no vender la conciencia, no vender nuestros principios, nuestras convicciones. Hay principios de vida que no se pueden negociar, por ejemplo, el principio de la gravedad, yo no puedo negociar, es un principio que está establecido. Yo sé que si me tiro de un segundo o tercer piso me mato, y ese principio no se puede alterar. El otro principio que hemos estado rompiendo es el principio de destruir todo nuestro hábitat natural, la ecología, bosques, ríos y, ¿qué tenemos? Tenemos una naturaleza en total descontrol. Lo mismo pasa con el tema de la vida, del aborto, del matrimonio gay, o sea, con personas del mismo sexo. No es que no les amamos a las personas, Jesús amaba al pecador, pero odiaba el pecado. Él se metía con ellos, y desde esa posición les ayudaba y les daba fuerza y su poder para poder vencer la conducta y el pecado que ellos estaban cometiendo. Esa debe ser nuestra postura. Nuestra postura debe ser muy clara, radical. No podemos transigir, bajo ningún sentido, los principios y valores que la Biblia nos enseña como regla de fe y conducta para la convivencia entre los seres humanos.

¿Cuáles son situaciones similares que encontramos en la Biblia donde los valores de la fe cristiana fueron atacados y donde se defendió abiertamente esto?

En el Antiguo Testamento tenemos a un Daniel, a un José que pasaron penurias, o sea, que pagaron un precio muy alto. Sadrac, Mesak y Abed Nego, ellos defendieron y tuvieron que pagar un precio, pero sabían que estaban haciendo lo correcto, porque, evidentemente, Dios estaba con ellos, les salvó del horno, de los leones. José pasó toda una vida de maltrato, de calumnia, de cárcel hasta que llegó a la cúspide de la honra. Después del faraón, él fue el segundo hombre más importante del imperio. Y en la época después de Cristo también podemos ver que el apóstol Pablo mismo estuvo preso de Nerón, el loco homosexual. Pero en la Iglesia vemos, vez tras vez, incluso ya en los años 1617 con Martín Lutero y otros hombres, nuestros colegas, que ofrendaron su vida con sangre, con sufrimientos, con persecuciones. Dice Hebreos 11 que fueron aserrados, perseguidos, o sea que no tenemos que asustarnos, porque también la persecución está dentro del programa del cristianismo. No nos dice el Señor en la Palabra que vamos a librarnos, él nos va a librar de la boca del león, pero si es necesario dar la vida por Cristo y por nuestra fe. Asistí a la tercera conferencia de Lausana, la más importante de todo este siglo diría yo. Estuvimos representadas 193 naciones y vemos que en países, especialmente musulmanes y en otras naciones están siendo perseguidos. Un pastor de Occidente le pregunta a un misionero de África que estaba bajo un régimen contrario al cristianismo: “¿Y usted que siente?”. Y le dice: “Yo estoy casado con el Señor Jesús, porque frente a mi le mataron a mi esposa, la siguiente semana le mataron a mis tres hijos, la siguiente semana incendiaron la iglesia”. Nos quedamos como una hormiga frente a esos testimonios. Que en pleno siglo 21 haya hombres y mujeres que estén dando su vida. Una jovencita de 17 años de Vietnam del Norte nos conmovió a todos al dar su testimonio: sus padres fueron matados por los vietnamitas del Norte y ella hoy se estaba preparando para ir a ese pueblo donde se le liquidó a sus padres, y ella decía: “Ese es el encargue que tengo en mi corazón”.

Una palabra de motivación final para nuestros lectores para cumplir la misión de la Iglesia en una cultura no cristiana…

Lo más importante en este tiempo es pedir la dirección del Señor. Más que nunca, necesitamos orar, leer la Palabra, ser guiados por el Espíritu Santo, como dice la Palabra, y pedir que él nos dé nuevas estrategias. Yo creo que los libros, los seminarios son de una inmensa ayuda. Aparte de eso necesitamos tener un cristianismo nuevo, fresco, con una vivencia diaria con Dios, y que Él nos dé estrategias para llegar. Si sentimos en el corazón que el Señor nos está llamando para trabajar con los niños de la calle, con las prostitutas, con los homosexuales, con los travestis, pidamos al Señor estrategias. No nos vayamos a tirar nomás por lo convencional, por lo que siempre hicimos.
Y en segundo lugar, todo lo que hacemos tiene que estar impregnado de amor, sin amor nada vale. El amor es el que va romper, dice la Palabra, y va permanecer ante cualquier situación adversa que se nos presente en el camino. Si lo haces con amor, de todo corazón, con total autenticidad, sin hipocresías, no porque los otros hacen, ni porque mi denominación acostumbra hacer, sino porque yo lo siento de corazón, Dios nos va a acompañar. Dios está dispuesto, su corazón está ardiendo por alcanzar a cuántos pecadores, a cuántas almas, porque todo este mundo que camina desenfrenadamente hacia su perdición es el mundo de Dios también y él los ama. No tenemos que perder ese espíritu, ese sentimiento.
Quiero terminar con el mensaje que nos dio uno de los misioneros, de ya cerca de 80 años, que nos predicó en Ciudad del Cabo, en el marco de la conferencia de Lausana. Él decía: “Entre tanto que la Iglesia no cumpla su función evangelística y misionera, no se justifica su existencia”. Creo que esa es una palabra muy fuerte, nos tocó profundamente, todos empezamos a volver a reflexionar en nuestra existencia como cristianos, como iglesia. Creo que cada día tenemos que hacernos esa pregunta para que nuestro querido país, que tampoco se sustrae ante los problemas globales, pueda por lo menos tener un hálito de esperanza. Así que les aliento a los pastores, a los líderes y a todos los que leen esta revista, que pidamos al Señor nuevas estrategias, nuevas formas de llegar y, por sobre todas las cosas, mucho amor por los perdidos.

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  1. Brillantes respuestas de un brillante hombre de Dios. Gloria al Señor por Santiago Maldonado y por la iniciativa y trabajo de la revista LA FUENTE !

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