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El verdadero secreto de la productividad

Equilibrio laboral y familiar para una vida más productiva  Un niño decía que cuando fuera may...


Equilibrio laboral y familiar para una vida más productiva 


Un niño decía que cuando fuera mayor, no quería ser ni bombero, ni maestro, ni policía, ni médico, ni nada. Quería ser como la pantalla del televisor, para que sus padres le escucharan, le atendieran y dejaran todas sus actividades y que estuvieran pendientes de lo que les quería decir. Su hermano dijo que cuando fuera mayor, tomaría todos los ahorros de su alcancía y los entregaría a su padre, para comprarle, aunque nada más fuera media hora de tiempo, al precio que le pagaban en su trabajo.

Una pequeña anécdota a modo de ilustración 

Un día me encontraba en el banco, realizando unos trámites. Luego de esperar varios minutos fue mi turno. Pasé a la ventanilla número tres y fui atendido. En la ventanilla número uno, había una escena que anoté en mi anotador (por supuesto). Allí estaba una madre con su hijo pequeño en brazos. Tratando de sacar los papeles que debía entregar al empleado bancario, se les cayeron algunos de la cartera. En ese momento, hizo su aparición un héroe silencioso.

El guardia de seguridad la ayudó, pero no levantándole los papeles caídos, sino sosteniéndole su bebé. Una imagen casi similar a la de una Madonna medieval. Excelsa. Fue un momento único. El uniformado mostrando su lado humano y dando soporte a una madre, con miles de cosas en sus manos. Esta imagen me hizo pensar sobre aquellas personas que sostienen la vida de nuestros hijos (profesores, amigos, vecinos, parientes, etc.) en el momento que no podemos atenderlos. Quizás por exceso de papeles, o de trabajo.

¿Cómo algo tan bueno como el trabajo puede hacernos tan mal? 

¿Es posible que un exceso de trabajo pueda, literalmente, quemarnos? Hace unos años se está utilizando un nuevo término en el mundo del trabajo: burnout (o trabajos que queman). Estar agotado, con dolor de cabeza constante, confundido, “no dar más”, son algunas de las señales mortales que afecta a muchas personas en el mundo laboral de hoy. Algunos creen que la causa de este fenómeno es la poca capacidad de decir: “No”. Pero no solo un “no” a la exigencia externa, sino también a la exigencia que nos auto-imponemos.

Es importante diferenciar entre el estrés laboral y este nuevo fenómeno. El primero es el resultado de exigir mucho al cuerpo y a la mente y saturarlos en sus límites normales. En el burnout, la característica principal es que la persona tiene sus parámetros fisiológicos elevadísimos (presión arterial, taquicardia, gastritis, etc.) y no se da cuenta de ello. Es como si se hubiera habituado a sentirse mal y ya ni lo percibe, lo cual lo hace en sí mismo un diagnóstico peligroso.

¿Flexibilizar qué? 


Hoy estamos en una ola laboral en la cual hay poca flexibilidad. Sin embargo, nos exigen o nos exigimos flexibilidad. Lo que, lamentablemente, se flexibiliza son las cosas esenciales de la vida, como las relaciones familiares, la salud y el tiempo con amigos. Contradicción que nos afecta. Estiramos los tiempos para estar con otros y tratamos de sustituirlo con conexiones virtuales.

Un día nos encontrábamos en casa, todos conectados a Internet. De pronto no se escuchaban más ruidos. Cada uno con su computadora compartiendo el mundo virtual. Todos los miembros de la familia estábamos chateando, unos con otros. ¡Sí! y solo nos separaban unos metros. ¡Increíble! Ese fue el momento en que decidimos juntarnos en la cocina y charlar cara a cara. Desconectarnos virtualmente para conectarnos realmente. La supuesto, vorágine del trabajo nos había aislado aún en nuestro propio hogar.

¡Seamos, realmente, más productivos! 

Los especialistas del trabajo entienden que a mayor equilibrio laboral y familiar, mayor efectividad operativa y, por ende, mayor productividad. Esto significa que cuando le damos a cada cosa su lugar, todo puede equilibrarse. Este es el desafío, buscar la estabilidad y no perdernos de lo mejor, las relaciones con nuestros seres queridos. Por esto mismo, me estoy levantando de mi silla, pagaré la computadora, y le daré a mi hijo un padre.
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Por Gabriel Salcedo
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Twitter: @pgsalcedo

Gabriel es esposo, padre y padrastro. Educador, comunicador y escritor argentino. Ha estudiado Teología, Literatuara y Orientación Familiar. Vive en Buenos Aires, Argentina.
Ha sido parte del equipo ministerial de la Iglesia Presbiteriana San Andrés en Olivos, donde colaboró en el desarrollo de herramientas tecnológicas para la educación y en la pastoral juvenil. Actualmente es tutor académico en la Universidad Austral Argentina.

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