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4 cosas que no deberían definir tu identidad

El camino hacia la autenticidad. Por Gabriel Salcedo. El camino hacia la autenticidad Ad...


El camino hacia la autenticidad.
Por Gabriel Salcedo.

El camino hacia la autenticidad Adán y Eva no tenían vergüenza de estar desprovistos de ropa frente a frente. Cuando tenemos paz en el corazón podemos ser auténticos y no avergonzarnos de nosotros mismos.

Sin embargo, cuando ellos marginaron a Dios, comenzaron a sentirse ridículos y expuestos. La inocencia sana que los caracterizaba, había desaparecido. Por esto, se tejieron hojas de higuera para cubrirse. Desde ese momento, nosotros, como ellos, comenzamos a tejernos hojas de higuera para taparnos. Hemos pensado, como nuestros amigos desnudos, que podemos ocultar lo que realmente somos.

Las capas 
Recuerdo uno de los gloriosos episodios de la película “Shrek”. En ella encontramos a un ogro malhumorado y a un burro con dotes mágicas: hablaba muchísimo.

En uno de los momentos de diálogo, el burro desea conocer más profundamente al ogro. Sin embargo, éste le explica que su especie es complicada, que no es sencillo poder ingresar a la intimidad de un ogro.

Es entonces, cuando el ogro le explica lo complejo que es su especie. El burro sin entender le pide un ejemplo. El ogro le dice: “Un ogro es... como una cebolla”. El burro le responde: “Apesta, hace llorar, si las pones al sol se ponen marrones y les salen pelitos blancos”. El ogro, casi enojado le dice: “¡Noooo!, las capas. Las cebollas tienen capas, los ogros tenemos capas”. Finalmente, el burro, reflexivo, dice: “Pero no a todos les gusta las cebollas”.

Esto es sencillamente una teoría excelente para explicarnos. Somos seres humanos con capas, con máscaras, con hojas de higuera o con miedo a no ser aceptados si nos presentamos como realmente somos.

Apariencia vs. ser
Quizás, la herida que han provocado en nosotros no nos permite ser vulnerables nuevamente. Cuando nos despojamos de las capas somos frágiles y tememos ser lastimados. Por esto, no cubrimos de una serie de máscaras para ser aceptados, sin embargo lo que aceptan los demás son nuestras apariencias, no nuestro verdadero ser. Veamos algunas apariencias con las cuales nos hemos “tapado”:

1. Soy por lo que tengo 
Hoy más que nunca, el tener objetos pareciera que nos califica. Si no tienes esto o aquello, no eres nada, según hemos creído. Salomón, uno de los reyes más ricos sobre la faz de la Tierra, tenía todas las cosas materiales que deseaba. De diferentes lugares del mundo iban a contemplar sus riquezas. Esto lo confundió. Pensó que su verdadero valor residía en lo que tenía. Levantó un imperio. Se olvidó de la gente y de la fuente de su poder. Como consecuencia, dejó una herencia hecha trizas en valores, en carácter y provocó la triste división de una nación que tenía un potencial maravilloso. Las cosas son cosas y no deberían tomar el lugar de las personas en nuestra escala de valores.

2. Soy por las relaciones con otros 
Las relaciones son vitales para nuestro desarrollo como seres humanos. Solos, no podemos vivir. Somos seres sociales, arraigados a una red de convivencia. Sin embargo, hemos descuidado las relaciones primigenias. Cada vez más, los hijos se separan de sus padres, a todo nivel. Los hermanos rompen sus relaciones y no hacen nada por recomponerlas. La familia ha tomado un segundo plano o, la hemos abandonado. Es importante que seamos inclusivos en nuestras relaciones. Un estudio sobre las redes sociales no dice que nos comunican, pero que no nos integran. Los encuestados de este estudio dicen que mejoraron el contacto con otros, pero que no les ayudó a ganar amigos.

3. Soy por lo que hago 
Seguramente te ha pasado de preguntar a alguien ¿quién eres? Y te contestan: soy odontólogo, soy profesor, soy esto o aquello. La respuesta que recibimos es en base a lo que hacen y no a quiénes realmente son. Vivimos en una sociedad donde “el hacer” marca la utilidad e importancia. En el mundo del activismo, debemos entender que lo que hacemos es solo una parte de lo que somos. Lo que hacemos es reflejo de lo que nos apasiona, sin embargo solo es una parte de lo que nos constituye como seres humanos, no todo.

4. Soy por lo que aparento 
Somos actores conscientes o inconscientes. Nos mimetizamos con otros, ya sean amigos, hermanos o personas que admiramos. Es sano imitar las cosas positivas de otros. Sin embargo, además de esto, es esencial que seamos nosotros mismos, que seamos auténticos. Si estamos dependiendo de nuestra apariencia, nos mentimos a nosotros mismos y a los demás. En casa seremos una cosa, en el trabajo otra, en a mi comunidad otra, en el estudio otra, etc. Nunca sabremos quiénes somos. No caigamos en la mentira de “dividirnos para agradar a todos”.

 ¡Vivamos libres de los juicios de los demás y de los propios!

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