Mitos y verdades acerca del llamado

¿Cómo saber si Dios realmente me llama al ministerio?   El llamado es una cuestión desafiante...

¿Cómo saber si Dios realmente me llama al ministerio? 

 El llamado es una cuestión desafiante para la fe de todo cristiano. Muchos sienten que son llamados por Dios a la predicación, al pastorado o a las misiones, pero al mismo tiempo tienen dudas al respecto. Algunos casi se desesperan porque no están seguros de cuál sea el llamado de Dios para ellos, pero sienten que deberían tener uno. ¿Cómo saber si Dios me llama al ministerio? ¿Se puede estar seguro? Algunos mitos acerca del llamado Debido a un entendimiento erróneo del llamado, algunas personas creen en estos mitos: 

 1. “El llamado es la única actividad que uno debería realizar en la vida”. Y mientras no lo "descubren", no tienen la paz ni la libertad para servir a Dios en las miles de oportunidades que tienen a su alcance. Pero podemos hacer muchas cosas para el Señor incluso mientras oramos que Él aclare su llamado para nosotros. Los ejemplos de la Biblia nos enseñan que tenemos más esperanza de ser llamados por Dios cuando estamos ocupados en algo que sin hacer nada. ¡Dios nunca llama a gente inactiva! 

2. “El llamado es algo tan único para el mundo que si yo no lo hago, nadie más lo hará”. Sin duda que el llamado de Dios es valioso y debe ser tomado en serio, pero ¡ya hay un Mesías y solo Él es indispensable! Dios nos da el inmenso privilegio de colaborar con Él, pero Su plan no depende de nosotros. Su programa avanzará con o sin nuestra “ayuda”. Servimos a un Dios soberano. 

3. “El llamado vendrá en un sueño, una visión o una profecía”. Hay quienes esperan alguna experiencia sobrenatural que les aclare de una vez lo que Dios quiere con ellos. Esto también es un mito. Aunque algunos siervos de Dios hayan recibido el llamado mediante un evento súbito, en la experiencia de la mayoría el llamado suele ser algo que se recibe y se aclara gradualmente.

 Lo que el llamado es

 El pastor Erwin Lutzer ofrece una buena definición del llamado. Él escribe: “El llamado de Dios es una convicción interna dada por el Espíritu Santo y confirmada por la Palabra de Dios y el cuerpo de Cristo.” Notemos que la definición tiene tres partes, que pueden orientarnos al buscar seguridad en cuanto al llamado de Dios

 1. Es una convicción interna. Sentimientos, fantasías y caprichos vienen y van, pero el llamado es una obligación apremiante dada por Dios, que no se detiene ante los obstáculos. Por eso el llamado es más que necesario para un ministerio efectivo. El apóstol Pablo confesaba: “Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!” (1 Co 9.16). En el siglo XIX, Spurgeon advertía a sus estudiantes del peligro de entrar en el ministerio sin un llamado claro: “Que cientos han errado el camino y han tropezado contra un púlpito es dolorosamente evidente por los ministerios infructíferos y las iglesias decadentes que nos rodean.” 





 2. Debe ser confirmado por la Palabra de Dios. El creyente que siente el llamado a algún ministerio, debe asegurarse de que tal ministerio sea bíblico, y de que él reúne las condiciones que la Palabra prescribe para ejercerlo. El creyente que siente el llamado a pastorear, debe ver que posea las cualidades enumeradas en 1 Timoteo 

3. ¿Es maduro? ¿Cuenta con los dones necesarios? ¿Se ha esforzado en la Palabra de Dios y en la doctrina?. El carácter no es todo lo que se necesita, pero es el ingrediente básico e indispensable. Por favorecer a los sentimientos se han cometido errores al pasar por alto las calificaciones dictadas por las Escrituras. Para algunas personas, lamentablemente, ha sido suficiente el que un hombre diga que tiene un llamado para comprometerlo en el ministerio.

 3. Debe ser confirmado por el cuerpo de Cristo. El cuerpo de Cristo nos ayuda a entender dónde podríamos “encajar” y ser útiles en el reino de Dios. Los líderes de la iglesia en Antioquía estaban ministrando al Señor y ayunando cuando el Espíritu Santo dijo: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado” (Hch 13.2). 

 La iglesia capacita a sus miembros para que puedan reconocer y ejercitar sus dones espirituales, y es el terreno de prueba para un futuro ministerio. A los que son fieles en lo poco se les puede confiar una mayor responsabilidad. Si un creyentes es llamado por Dios para ejercer un ministerio, podemos confiar en que también capacitará a la iglesia para reconocerlo. 


 Fuentes: 1. Erwin Lutzer. De pastor a pastor. Ed. Portavoz. 2. John MacArthur. El ministerio pastoral. Ed. CLIE. 3. Manual personal del obrero cristiano. Ed. Portavoz.

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