Buenas noticias para una generación rota

El relativismo moral es una de las características de la sociedad postmoderna. Lo bueno y lo malo...

El relativismo moral es una de las características de la sociedad postmoderna. Lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto se convierten en una cuestión de gusto y preferencia personales. La buena noticia del evangelio que ofrece perdón deja de serlo, ya que nadie se siente culpable porque desaparece el concepto de pecado. Sin embargo, la Biblia trae nuevas buenas noticias para una generación rota.

EL RELATIVISMO
Muchos de los amigos de mis hijos mantienen relaciones sexuales con sus novios y novias y carecen de todo sentido
de pecado y sentimiento de culpa. Es propio de la postmodernidad que tiene en el relativismo moral una de sus características definitorias.

El relativismo sostiene que las verdades absolutas en el terreno de la ética, la moral y el comportamiento no existen. Que el bien y el mal, lo correcto y lo correcto son una cuestión de gusto y preferencia personal. Además, estas preferencias, no sólo cambian de persona a persona, es decir, lo que es bueno para ti no necesariamente lo es para mí. Sino también, en esas mismas personas, cambian en función de las circunstancias y situaciones, es decir, lo que era bueno para mí ayer, no necesariamente lo es hoy, o no necesariamente lo es en las presentes circunstancias.

Lo anteriormente dicho, que queda muy bien a nivel filosófico, haría la vida en comunidad prácticamente inviable. Por eso, existe lo que podríamos llamar una versión pragmática de ese relativismo radical filosófico. Es lo que se ha venido a denominar el relativismo cultural. Este viene a decir lo siguiente, ya que hemos de vivir en comunidad, debemos de tener unos acuerdos mínimos acerca de lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo. Una vez hecha esta decisión, castigaremos al que quebrante los acuerdos a los que hemos llegado.

Por tanto, el bien y el mal se convierten en una construcción cultural. Es decir, algo que no existe de manera objetiva por encima de nosotros, sino algo que nosotros decidimos y, consecuentemente, podemos cambiar tantas veces como queramos, necesitemos o nos convenga.
Ahora bien, esos acuerdos tan sólo son válidos para los grupos humanos que así lo han decidido, no tienen ningún valor para otros grupos que no los aceptan como propios. Seguimos, pues, con una cuestión de gusto y preferencia, sólo que en este caso es grupal y no personal.

LAS CONSECUENCIAS

Una de las primeras víctimas del relativismo es el concepto de pecado. Este desaparece, ya que aquello que es pecado para mí, no necesariamente es percibido como pecado por otra persona. Lo que es visto como correcto por ti, no necesariamente lo será por tu vecino. Este no negará que lo sea para ti. Te comentará que si así tú lo crees es fenomenal, pero que él no se siente necesariamente obligado por los mismos principios éticos y morales que tú.

La segunda víctima del relativismo es el sentimiento de culpa. Si lo que hago no considero que esté mal no existe ninguna razón por la que deba sentirme culpable por ello. Si otra persona considera que es incorrecto, es lógico que se sienta mal y tenga un sentimiento de culpa por quebrantar sus valores, no es mi caso ya que no reconozco como propios esos valores.

La tercera víctima es la buena noticia del evangelio que deja de ser buena noticia. Si las personas no se sienten culpables y, hay una creciente carencia de culpa en nuestra sociedad, no tienen necesidad del perdón y, consecuentemente, no perciben ni valoran las buenas noticias del evangelio que traen perdón para el pecador.

EL RETO

Esta creciente carencia de sentimiento de culpa es perceptible incluso entre los jóvenes de nuestras iglesias y plantea un gran reto. Muchos de nuestros esfuerzos evangelísticos están todavía basados en aliviar el sentido de culpa que el pecado produce en nuestras vidas. Los estudiosos del mundo greco-romano indican que en los tiempos del apóstol Pablo existía a lo largo y ancho de todo el imperio un sentido universal de culpa. Esto explicaba en parte la popularidad de las religiones mistéricas y constituyó un terreno abonado para el evangelio con su mensaje de perdón para el pecado.

Pero esa es cada vez menos la realidad social en la que nos movemos. ¿Cómo podemos compartir el evangelio a una generación que carece de un sentido de culpa, porque no tiene un concepto de pecado? ¿Cuál es la buena noticia para esa generación? ¿El perdón? ¿De qué han de ser perdonados, si de nada se sienten culpables?

Ante tal problema, nuestras estrategias de evangelización nos fuerzan a crear un sentimiento de culpa en la persona para después, por medio del mensaje del evangelio, poderlo aliviar. Hay que hacer que la gente se sienta mal para que después podamos hacerlos sentir bien. Hay que convencerlos que están enfermos para que quieran ir al médico. La verdad, en una sociedad postmoderna y, por tanto, relativista, el impacto que estas estrategias tienen entre la juventud es cada vez menor.

Pero ¿Es posible que la Biblia nos de una nueva comprensión de la realidad de los jóvenes? ¿Es posible que la Palabra de Dios nos dé luz sobre cómo acercarnos con el evangelio a una sociedad relativista y sin sentido aparente de culpa? Pero sigamos con las preguntas ¿Es posible que el evangelio pueda ser percibido por una generación relativista como una buena noticia? Creemos que sí.

BUENAS NOTICIAS PARA UNA GENERACIÓN ROTA

El capítulo 3 del libro de Génesis es una auténtica joya que nos trae una nueva comprensión de cómo llegar al joven relativista y postmoderno. Ese capítulo del primer libro de la Biblia nos narra el pecado de ser humano.

El pecado es presentado como un acto de rebelión contra la autoridad soberana de Dios. Es una declaración de independencia. El hombre quiere ser como Dios y ya no vivir en dependencia y sumisión a su creador.

Pero esta rebelión contra la autoridad cósmica de Dios trae consecuencias imprevisibles, aunque anunciadas, para el ser humano. Estas consecuencias se manifiestan en la forma de cuatro rupturas.

La primera, es una ruptura con Dios. En el relato de Génesis vemos cómo el hombre se esconde de su creador y lo hace porque se siente culpable y, se siente culpable, simplemente porque lo es.
Tiene conciencia de haber hecho mal y experimenta la vergüenza de haberle fallado a Dios. Tiene cosas que ocultar y, por tanto, no puede ser transparente ante Dios y se esconde.

La segunda, es una ruptura interna. Cuando leemos el texto nos damos cuenta que el ser humano comienza a experimentar, como consecuencia de su rebelión contra Dios, estados emocionales autodestructivos que, anteriormente, estaban ausentes de su vida. Adán y Eva sienten vergüenza, miedo, culpabilidad. Si vamos al siguiente capítulo podremos ver que aparecen la ira, los celos y la envidia. A todos estos podríamos añadir muchos más, la depresión, la ansiedad, la angustia, los remordimientos y toda esa amplia gama que todos nosotros hemos experimentado, experimentamos o experimentaremos a lo largo de nuestra experiencia humana y que rompen interiormente al ser humano.

La tercera, es una ruptura con otros seres humanos. Adán y Eva se enfrentan mutuamente. Si pueden salvar su pellejo a costa de hundir al otro no dudan en hacerlo. El pecado ha roto sus relaciones, se acusan mutuamente ante Dios en vez de solidariamente aceptar su responsabilidad.
De nuevo, en el capítulo 4 vemos un paso más en ese proceso de degradación de las relaciones, Caín mata a su hermano Abel.

La cuarta y última es una ruptura con la creación. El ser humano, que había recibido el encargo de ser un mayordomo de la creación se ha convertido en un depredador. La tierra, dirá el Señor en Génesis, será maldita por tu culpa. Toda la creación, afirma el apóstol Pablo, gime esperando la liberación. Desde ese momento la humanidad no ha dejado de destruir la creación de Dios.

La Biblia, como consecuencia del pecado, define al mundo como un universo roto y fracturado.
Todo ser humano, tú y yo incluidos experimentamos esas rupturas. Puede ser difícil para muchos jóvenes reconocer que hay una ruptura en su relación con Dios, pero no negarán las otras tres ¡Son tan evidentes en todas nuestras vidas!

Juan, en su primera carta capítulo 3 versículo 8 escribe: “El hijo de Dios vino para aniquilar la obra del diablo” La gran obra del diablo ha sido inducir al ser humano a rebelarse contra Dios y, consecuentemente, experimentar esas cuatro grandes rupturas. Si el pecado ha traído al ser humano rompimiento, la salvación ganada por Jesús, trae restauración.

Si el pecado afectó al ser humano de forma integral, del mismo modo la salvación ha de afectar a la humanidad de forma integral. La salvación es pues el proceso por medio del cual Dios restaura en nosotros esas cuatro fracturas, Dios nos reconcilia con Él, nos reconcilia con nosotros mismos, nos reconcilia con otros y nos reconcilia con su creación.

La salvación no es únicamente un asunto espiritual. Tiene una vertiente espiritual, pero es mucho más que eso, del mismo modo que el pecado no es únicamente una cuestión espiritual, es algo que afecta al ser humano en su totalidad.

El relativismo, por tanto, no supone un obstáculo para que el evangelio sea buena noticia. Nos encontramos ante una generación de jóvenes que está rota y se siente rota y nosotros tenemos una increíble noticia para ellos, Dios tiene el deseo y el poder para restaurar sus vidas y sus relaciones y lo hace por medio del Jesús, el hombre nuevo, el modelo y prototipo de una nueva humanidad.

No necesitamos insistir en nuestras viejas estrategias de hacer sentir culpables a los jóvenes para después aliviar su sentido de culpa. Comencemos donde están, comencemos con su experiencia de ruptura y expliquémosles el porqué viven y experimentan esas rupturas y cómo a través de Jesús pueden ser restauradas y sanadas.

El evangelio sigue siendo buenas nuevas, hay restauración para una generación rota.

ALGUNAS IDEAS PRÁCTICAS

1. Examina tu propia vida ¿Puedes reconocer esas cuatro rupturas?

2. ¿Has experimentado la salvación integral que Jesús ganó para ti? ¿Hay alguna de esas rupturas que aún no ha sido sanada por Dios?

3. Acércate a los demás y pregúntales si experimentan esas rupturas. Escucha cuidadosamente sus respuestas.

4. Pregúntales si pueden explicar de dónde proceden, cuál es la causa de esas rupturas que afirman experimentar.

5. Ofrécele una perspectiva bíblica para entender su experiencia como seres humanos.

Acerca del autor

Félix Ortiz, está casado con Sara, ellos viven en Barcelona y tienen dos hijos, Andreu y Anna. Trabajan como directores de cuidado y desarrollo de los coordinadores con la ONG ÁGAPE EUROPA.


Fuente
http://espiritualidadypostmodernidad.blogspot.com/

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