Pastoreando a una generacion emocionalmente fragil

En 1 Tesalonicenses 5:23, Pablo expresa su deseo de que seamos santificados por completo: espírit...

En 1 Tesalonicenses 5:23, Pablo expresa su deseo de que seamos santificados por completo: espíritu, alma y cuerpo. Entonces, desde una cosmovisión integral vemos al ser humano en forma total. ¿Qué significa esa palabra integral? Notemos que el texto habla de espíritu, alma y cuerpo. Esto nos lleva a notar que el ser humano tiene la parte intelectual, la parte emotiva, la parte social, la parte física y la parte espiritual. Pero sucede que muchas de nuestras iglesias la gente viene y le damos su sanidad espiritual. Es decir, recibe a Cristo. Pero no se tratan problemas afectivos profundos que afectan a las personas, como por ejemplo un incesto, un abuso psicológico, o un acoso sexual. Esos son problemas que bien lo podemos llamar “las emociones que matan”.


Hay muy pocas personas que están sensibles a la parte emocional. Dentro del contexto antropológico cultural paraguayo muchas veces no se presta mayor importancia a esta parte y en la iglesia se refleja eso. Vamos a poner un ejemplo que puede ocurrir en cualquier iglesia. Viene una persona que tiene una herida emocional y el líder o pastor le dice “vamos a orar”; y todavía la persona no explicó su dolor emocional, y ya cortamos la conversación y oramos.

Esta bien, no estamos en contra de la oración. Pero muchos pastores rápidamente quieren “deshacerse” de la persona, “porque hay que atender a otras personas, o hay otras cuestiones más importantes” y la persona no tiene la oportunidad de lo que en consejería llamamos catarsis. Se va sin poder desahogarse y entonces en vez de salir liberado, la persona reprime aun más sus sentimientos produciéndose una frustración en el cual llega a decir: “nadie me escucha”, “no me quieren” o “nadie me entiende”. Entonces esa situación conflictiva para la persona se va agudizando y allí aparece como primer elemento el estrés, la ansiedad y la angustia, que van tomadas de la mano. Al repetirse estos elementos continuamente, la persona va sintiéndose peor. Si no se controla correctamente el estrés, la ansiedad y la angustia, podría llevar a la persona a sufrir otros problemas más complejos, hasta llegar a casos de problemas psiquiátricos. El tema de la esquizofrenia, las fobias, los ataques de pánico, que son muy frecuentes hoy en día, las obsesiones y la histeria, son aspectos que entran en el campo de la psiquiatría. Es muy importante que los pastores estén al tanto de estos problemas y los síntomas para no confundir entre un problema espiritual y un problema de tipo psicológico o mental.

Durante mucho tiempo hubo un fuerte rechazo de los teólogos hacia la psicología. Es importante aclarar que la palabra “Psicología” significa literalmente en griego, el “estudio del alma”. Como en la realidad no se puede estudiar científicamente el alma, esta ciencia se concentró más en los aspectos conductuales del ser humano. Más o menos se llega a entender después de una serie de análisis de problemas similares, que estos pueden tener orígenes o disparadores comunes. Entonces no hay lo que muchos dicen: “contradicciones” entre la psicología y la teología.

Los pastores tienen que tener nociones por lo menos básicas de psicología (estudios de la conducta humana). De hecho, la Biblia es “El Principal libro de Psicología”, ya que en la Biblia aparece el diagnóstico de por qué hay tantos problemas. La Biblia menciona al Pecado como el elemento causante, el virus original, y el primer virus globalizado, que ha afectado al espíritu de todos los seres humanos. Este virus produce la muerte espiritual. Luego este virus ha afectado al alma, que tiene que ver con la mente, la parte emotiva y los aspectos volitivos (la voluntad). Entonces es allí donde ocurren todos los temas de problemas de personalidad, y por supuesto estos problemas se reflejan en la parte física, en el cuerpo.

Quiero señalar algo muy importante. Los pastores deberíamos trabajar con un ENFOQUE INTEGRAL DEL SER HUMANO, que es el enfoque Bíblico. Vamos a ver el ejemplo de la mujer a la que le habían detectado en un diagnóstico clínico físico con un cáncer de sangre, gastó todo su dinero, no se le pudo ayudar y entonces se fue ya a esperar la muerte. Pero ocurrió que por allí cerca de su casa pasó Jesús. Esa PALABRA Jesús llega al oído de esta mujer, le imparte esperanza, y esta mujer se propuso en su corazón y se dijo a sí misma: “Si solamente yo llegara a tocar el borde de Su manto, voy a ser salva”. No dijo: Voy a ser sana. Ella estaba más conciente de su condición espiritual como un elemento base. Entonces se propuso y comenzó a caminar hasta que finalmente llegó a tocar, efectivamente, el manto de Jesús, con todas las dificultades de la época, y ella sintió algo extraordinario. Jesús también sintió algo y preguntó quien me tocó, y los discípulos le dicen: Pero que pregunta, si estamos todos aquí encimados. La mujer vino y confesó: “Yo te toqué”. Entonces Jesús le dijo a la mujer primero de todo: “Mujer, tu fe te ha salvado”. Jesús le dio su sanidad espiritual; lo que ella vino a buscar; pero de yapa (además le regaló de gracia, de pura gracia) le dice: “Vete en paz”, que es la parte emocional, y de yapa le dice: “Ahora eres libre de tu azote”. Aquí vemos un modelo de SANIDAD INTEGRAL presentado por Jesús mismo (Únicamente podemos conocer el plan de Dios para el ser humano, y la solución a sus conflictos a través de Jesús, el fiel reflejo, y el modelo auténtico del carácter y la voluntad de Dios). Jesús le sanó a la mujer espiritualmente, emocionalmente y le sanó físicamente. En una sola vez se dio esto.

Tenemos otro ejemplo Bíblico, en el caso de David, después de haber fornicado, pecado, llegó a un estado de depresión total. Físicamente él expresaba en uno de sus salmos sus tremendos dolores de huesos, su dormitorio se inundaba de lágrimas, entró en un estado depresivo; y la depresión es un estado emocional negativo, doloroso. ¿Qué ocurrió? El comenzó su proceso de restauración a través de la parte espiritual también que es muy importante. Vemos en el Salmo 51 donde él confiesa su pecado, se restaura, pasa por un proceso de transformación, de renovación y luego llega al Salmo 103, donde el salmista expresa diciendo: “Alma mía: Bendice, Exalta a Jehová”, o sea, le ordena a su propia alma, le dice firmemente: “Bendice a Jehová”. Aquí vemos que no es si sentís o si no sentís… Porque muchas veces no sentimos nada. Y David le da una orden a su voluntad. Como que quiere decir “No hay que hacer tanto caso a los sentimientos en este momento”. Y luego dice el salmista - ¿Por qué? – y responde: “Porque Dios es el que perdona todas nuestras iniquidades (lo espiritual). Él es que sana todas nuestras dolencias (lo físico). Y agrega, Él es el que saca mi vida del pozo de la desesperación, de la angustia, de la depresión (lo emocional)” Aquí tenemos otro fenomenal texto bíblico para darle soporte a lo que podemos denominar SANIDAD INTEGRAL (desde el punto de vista teológico), donde David expresa su sanidad espiritual, su sanidad física y su sanidad emocional.

Por eso es muy importante que los pastores estén concientes de que no podemos espiritualizar todo. Los elementos espirituales están unidos a aspectos psicológicos y también físicos. Somos seres integrales. Por eso cuando hablamos de “Espíritu, Alma y Cuerpo” podría ser esto un concepto influenciado por la mentalidad griega, que separa el cuerpo por un lado y el alma por otro totalmente diferente. Pero en el modelo Hebreo, el mismo modelo que utilizó Jesús, el ser humano es uno. Podemos usar el ejemplo del modelo de la Trinidad, o de la Tri-Unidad, donde no hay tres dioses, (no somos politeístas). Hay un solo Dios, pero en un modelo de unidad total, inseparable (no lo podemos llegar a entender con nuestra mente humana en su totalidad), pero si podemos asegurar que bíblicamente el ser humano es una unidad en todas sus áreas. No podemos separar esto por aquí, esto por allá. Si algo duele, como el dedo más pequeño (físico) afecta a todo el resto, a lo emocional (uno puede llegar a llorar) y también afecta lo espiritual (uno puede rebelarse contra la voluntad de Dios por el dolor que está pasando).

¿Cómo un pastor puede tratar a este tipo de personas inestables, que hay tanto hoy?

Hay que ver que la palabra clave aquí es “INMADUREZ”. La inmadurez afecta las distintas áreas del ser humano. Afecta el área intelectual, emocional y también la espiritual. Una persona inmadura no solamente lo es en un área, sino que este problema es integral. Entonces, ¿qué es lo que pasa con mucha de nuestra gente en las iglesias? Vamos a partir del concepto de Madurez. Madurez = Mi experiencia + Mi aprendizaje.

Lo que ocurre hoy es que muchos de los miembros de iglesia tienen puro experiencia, pero no aprenden de esa experiencia, entonces repiten y repiten los mismos errores. Eso lleva a lo que podemos denominar “Inmadurez”. Una persona en nuestro contexto que está inmadura emocionalmente, inmediatamente le afecta en la parte espiritual. Muchos de nuestros miembros por esa falta de madurez no operan en base a lo que creen.

En muchas iglesias uno escucha esta frase escalofriante y se va de la iglesia diciendo: “Yo no sentí la presencia de Dios”. Y al decir que no sintió la presencia de Dios, la persona también está expresando que Dios no estuvo presente. O sea, que están limitándole a Dios a los sentimientos, y eso es totalmente anti-bíblico; porque la presencia de Dios no está sujeta a nuestros sentimientos. Está sujeta a Su Voluntad, no a lo que yo sienta o no. Muchos de los cristianos, lastimosamente, hoy están operando solamente de acuerdo a sus sentimientos; son como los adolescentes con quienes no se puede razonar bien. Cuando uno quiere llegar al modelo bíblico tiene necesariamente que pasar por una serie de confrontaciones, porque la Biblia habla de la “confrontación para el cambio”. Pero el problema es que en el contexto antropológico paraguayo, a las personas en general les incomoda la confrontación. La confrontación es clave para producirse el cambio. Voy a poner dos ejemplos bíblicos:

El primero el modelo del rey Saúl, que fue confrontado por el pastor consejero Samuel. Saúl rechazó la confrontación; le rechazó al pastor. “No te metas conmigo” más o menos dijo. Ya la gente sabe como terminó Saúl. Dios se encargó de él.

Tenemos otro caso, el caso de David que pecó. Tenía problemas emocionales, espirituales; y llegó un poquito a escapar, estaba frió espiritualmente. Espiritualmente estaba coqueteando con un control remoto, viendo un canal no apto para cristianos, y vio a una mujer bonita, y mentalmente empezó a dar vuelta al tema, hasta que llegó a consumar un plan estratégico. Sabemos que la tentación no es pecado, pero cuando se consuma, entonces sí, ya es pecado. La tentación es el deseo de hacer algo que está en contra de la voluntad de Dios. Caes, y entonces ya es pecado.

David pecó, y se enteró el profeta Natán, (su pastor), y entonces tuvo que disciplinarle, le tuvo que confrontar. El pecador necesitar reconocer lo malo que hizo. El pastor le confrontó a David, y el respondió positivamente; aceptó y se sometió al proceso de restauración. Aceptó su pecado. Saúl rechazó. Se fue a otro lado, de la iglesia. David aceptó, y esa confrontación le permitió iniciar un proceso de sanidad; espiritualmente, emocionalmente, y físicamente. En el Salmo 103 expresa su gratitud al Señor porque Él le perdonó, le sanó íntegramente en todas sus dolencias. (Leer el Salmo completo).

Hoy la gente vive en las grandes ciudades, la vida urbana bajo constante estrés y los médicos y estudiosos de la salud psicológica y emocional definen una serie de trastornos con el nombre de: “problemas psicosomáticos”. Esto significa que el estrés interno de las personas no sale, no se exterioriza correctamente. Esto hay que liberar, exteriorizar sentimientos, emociones, conflictos internos. El individuo que habita en la ciudad hoy, guarda (“se traga sus problemas”) y eso es como un veneno que se va acumulando dentro de la persona. Esto produce malestares en todo el cuerpo. La mente afecta al cuerpo.

Suele ocurrir que esto afecta a los miembros de iglesias, incluso a los líderes. Pecamos. No aplicamos las recetas de Dios. Encontramos cristianos con úlcera, resultado de la repetición de una serie de preocupaciones. El cuerpo reacciona y envía al estómago una sustancia que se llama adrenalina que es un tipo de ácido que va quemando y dañando las paredes del estómago. Violamos las instrucciones bíblicas, y pecamos contra Dios. Él fue muy claro; en Filipenses 4:6-8 se indica en imperativo: “No se inquieten (no se afanen ni se preocupen, no estén ansiosos) por ninguna causa”. Este es uno de los mandamientos más violados por muchos hoy. Luego las consecuencias. Obedecer involucra “que en todo momento debemos entregar todos nuestros problemas, ansiedades, estrés, conflictos, a Dios en oración, dándole gracias”.

Una vez que obedecimos lo anterior, viene como resultado directo: “que Dios nos da tanta paz, que inunda todo el ser, y llena nuestros corazones”. Al vaciamos de ansiedades y angustias, Dios automáticamente carga su paz. La receta continua: “Piensen todo lo verdadero, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, todo lo que sea EXCELENTE o merezca un elogio” - esto es una receta proporcionada por el Creador, que sabe muy bien como funcionamos, y nos indica cómo conservar una salud integral. Si no ponemos en práctica esto, con lo que pasa en la vida cotidiana, todos vamos a terminar en el Neuro Psiquiatrico.

El liderazgo cristiano tiene que entender que el ser humano no es “todo espiritual”. Los pastores tienen que crear una comunidad terapéutica. Hablamos de grupos de apoyo, pequeños, para que uno pueda tener su catarsis, donde todos puedan con confianza exponer sus preocupaciones (sin interrumpirle, diciéndole “vamos a orar, vamos a orar”). Orar está bien, pero permitamos que la persona se desahogue, que termine de expresar su dolor, su crisis, y luego de desahogarse, bueno, entonces allí ponemos esto al Señor.

Es necesario hoy, que el liderazgo conozca y practique algunas técnicas básicas para el área de consejería, de intervención de crisis y de manejo de conflictos y problemas emocionales dentro de la congregación. Hay que capacitarse para saber como tratar estas situaciones en la iglesia; y no hay que tener miedo a esto. Algunos pastores ni dan importancia al tema de consejería. Sí o sí hay que realizar trabajo pastoral integral que incluye consejería pastoral, la psicología pastoral, incluso tenemos lo que se llama la psiquiatría pastoral.

Existen muchos libros disponibles, en español. Hay toda una colección sobre consejería. Por ej: “El pastor como consejero” de Pablo Hoff, donde se presentan conceptos básicos. Otro libro excelente es uno llamado “Las emociones que matan”. Hay que recorrer las librerías cristianas, y hay material muy útil. Luego hay libros sobre problemas específicos; por ej: cómo trabajar para ayudar a niños abusados, cómo trabajar con mujeres maltratadas, abusadas, etc.

El pastor tiene que entender que hay casos complejas donde hay que derivar a la persona a un especialista. En Paraguay la iglesia tiene una clínica de consejería llamada “Confianza”, (Mcal. López casi Perú – As) donde las personas pueden recibir una atención profesional cristiana.

Para problemas psiquiátricos, que requieren medicamentos, hay centros médicos cristianos muy buenos donde los psicólogos trabajan en forma coordinada con los psiquiatras y con un capellán pastor. Ataques de pánico, esquizofrenia, depresiones agudas requieren atención de este tipo.

El pastor tiene que reconocer sus limitaciones y hacer tipo de “director de tráfico” para encaminar a las personas necesitadas, hacia alguien que entienda como manejar casos más complejos. Es bueno tener una agenda con nombres de profesionales de la salud mental cristianos, que tengan principios y una cosmovisión cristiana. Al trabajar con un enfoque de restauración integral cristiano los pacientes tienen una recuperación más rápida e integral a diferencia de terapeutas no creyentes.

Hay que entender que sí el pastor sólo toma un cazo y lo “espiritualiza” se pueden cometer errores. No es: “hay que orar nomás”. Incluso hay casos donde pastores sugirieron que no hay que tomar ningún medicamento. Recordemos que uno de los escritores de la Biblia, Lucas, era posiblemente un doctor, incluso Pablo le da una pequeña receta médica a Timoteo para un problema de su estómago, y los dones dados por Dios a través de la ciencia son muy válidos hoy.

Lo principal, como iglesia, es seguir el Modelo Bíblico de Hechos de los Apóstoles, donde los hermanos estaban unánimes, se reunían a orar, apoyandose, una “Iglesia familiar, comunitaria y terapéutica”. Allí la gente tenía libertad para expresarse y poner sobre la mesa sus necesidades.

Hay iglesias donde la gente se “come el uno al otro”. Necesitamos iglesias terapéuticas, y de hecho, hay algunas que lo están haciendo. Una de las necesidades básicas de una persona con problemas emocionales es la de la aceptación; y al sentirse aceptada, la persona va con gusto, sin miedo, en libertad.

Donde la gente es aceptada, (incluso en el contexto del mal), es allí donde acude, donde se refugia. Hay que volver al modelo bíblico. Se necesita dejar el orgullo y la prepotencia; tenemos que amar a la persona metida en problemas, en pecado, en conflictos.

La iglesia debe ser “faro” (alumbrar el camino), “madre espiritual” (saber multiplicarse); pero sobre todo uno de los roles principales que la iglesia es el rol de “hospital” (el mundo está lleno de enfermos). La Biblia es bien clara, “Para esto vino Jesús: para buscar a los enfermos” y la gente que está enferma es la que necesita al Señor.

Muchas veces Dios permite situaciones de crisis para que nosotros nos acerquemos a Él. Mucha gente está hoy en la iglesia, incluyéndome yo mismo, estamos como resultado de una crisis. Esa crisis me permitió buscarle a Cristo, y al encontrarle pude enfrentar mi crisis. Hay veces que la crisis no termina. Jesús dijo a Pablo: “Bástate mi Gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. El apóstol pudo administrar su crisis con Cristo, y continuar y perseverar.

Esto incluye que en crisis no es bueno alejarse de la iglesia. No es cuestión de “no me siento bien, no me voy”. Hay que operar en base a lo que uno cree y no en base a sentimientos. Los sentimientos te llevan para abajo.

Podemos decir hoy “Bendice ALMA MÍA a Jehová, y bendiga TODO MI SER, su Santo Nombre. No te olvides de ninguno de Sus beneficios. Él es quien te sana Integralmente, emocionalmente, espiritualmente y físicamente” Él nos “rejuvenece como al águila” (alas de boing 747, no como una gallinita mirando para abajo) Cuando dejamos actuar a Dios, Él cambia todas nuestras perspectivas, y nos lleva a las alturas.

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  1. carolina ferreira2/11/10

    Excelente, Dios los siga bendiciendo

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  2. Anónimo15/10/16

    Dios abençoe su vida y el don que le há dado para llegar a otros corazones através de sus palabras. excelente su articulo.

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